viernes, octubre 7, 2022

Argentino convierte plástico reciclado en anteojos

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“Hacemos anteojos de alta calidad, a partir de plástico 100% reciclado, que proviene de redes de pesca y descarte industrial”, cuenta Martín Vázquez, CEO and Founder de Qualia Eyewear. “Desde nuestros inicios, llevamos más de 10.000 kilos de plástico reciclados”.

Qualia nació como proyecto en 2016. “Después de haber trabajado en una empresa multinacional por dos años me di cuenta de que había un problema fundamental en el planteo de nuestro sistema económico, donde lo único que hacemos es intercambiar tiempo de vida por dinero para pagar deudas”, dice.

“Quería hacer algo diferente, necesitaba llenar de propósito mi vida más allá de lo económico. Soñaba con formar una estructura que fuera inclusiva con las personas y cuidadosa de nuestro ambiente. Entonces renuncié a mi trabajo y fabriqué dos máquinas caseras de reciclaje de plástico para empezar a hacer los primeros prototipos de anteojos. En 2018 nos armamos como empresa y salimos al mercado”, cuenta.

Según Vázquez, Qualia es un concepto que hace referencia a la subjetividad de la realidad. “Lo que algunos consideran basura, nosotros lo vemos como materia prima entrando a un segundo ciclo de vida. Donde alguien ve basura, nosotros vemos una oportunidad. Y eso nos permite llevar adelante nuestro propósito que es generar una visión de cambio en las personas y en los negocios”, expresa.

La marca inició operaciones a partir de ahorros personales de su fundador y de bootstrapping. “No tuvimos la necesidad de salir a buscar inversores lo cual es motivo de orgullo para nosotros”, aclara y proyecta cerrar el 2022 facturando u$s500.000.

Un emprendimiento que piensa en el cambio climático

Para lograrlo, planea desembarcar en México, en Paraguay y en algunos países de Europa para expandirse como marca. “Y si es posible, replicar nuestro programa de impacto en esos países”, agrega.

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“Nos moviliza el cambio climático”, asegura el ingeniero quien, para compensar la huella de carbono, decidió que la marca plante árboles nativos en bosques degradados de la Patagonia. “Esto nos permitió convertirnos en una empresa carbono neutral”, cuenta.

A su vez, gracias a cada par de anteojos, pueden llevar adelante el programa “Visión de Cambio” en el que realizan diferentes actividades para promover el desarrollo humano y el cuidado de la naturaleza.

“Entre ellos – detalla -, apoyamos a la ONG Proyecto Sub que cuida e investiga científicamente los océanos. También realizamos limpiezas de playas, en las que el 70% de los residuos que encontramos siempre es plástico. Una de nuestras acciones más movilizantes fue un reciente viaje a la provincia de Chaco para mejorar la salud visual de niños de parajes rurales. Junto a un equipo médico, atendimos 219 consultas oftalmológicas en tan solo 2 días. Semanas más tarde, volvimos a entregar los 139 pares de anteojos que fueron recetados”.

¿Qué implica ser un emprendedor de triple impacto?

Según Martin, nacido y criado en San Nicolás, el camino emprendedor es largo y duro, pero muy satisfactorio. “Estudié ingeniería industrial y apenas ingresé al mercado laboral me di cuenta de que trabajar en relación de dependencia no iba a ser para mí. Rápidamente empecé a buscar qué podía hacer, pero quería hacerlo diferente, ganar dinero tenía que ser una consecuencia de estar impactando positivamente en el planeta y en los demás”.

Luego de renunciar entendió que quería dedicarse a la economía circular y a emprender con propósito. Entonces armó sus propias máquinas caseras de reciclaje de plástico en 2016 y desde entonces nunca paró.

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En cuanto a los principales obstáculos, al ser una marca que vende productos de consumo masivo es necesario tener un buen posicionamiento desde el punto de vista del branding. “Eso lleva mucho tiempo y recursos”, remarca, y agrega: “Sin dudas, en un mercado tan competitivo y casi monopólico como es el de los anteojos hacerse un nombre es un desafío”.

Y sin dudas, continúa, “emprender en un país con reglas tan cambiantes como el nuestro le agrega un grado de complejidad al desafío de emprender. De todas maneras, soy optimista de que esta situación la vamos a revertir. Sobra talento en Argentina, solo falta un poco de acompañamiento”.

Como contrapartida, emprender tiene muchos beneficios. “En mi caso, todo es beneficio”, expone. “Yo no puedo concebir mi vida de otra manera que no sea emprendiendo, involucrado en proyectos que tengan el propósito o el impacto positivo como motor. Cuando al final del día entendés que el poder tomar decisiones es sinónimo de libertad y de tiempo de vida, todo vale la pena. Tenemos muchísimas ideas que soñamos con concretar en algún momento”.

Por último, Martín dice estar convencido de que es posible para una empresa ser rentable y a la vez generar impacto. “Entendimos que mientras más impacto generamos, más rentables somos”, sostiene. “Y siento que logramos muchos objetivos que al principio parecían un sueño. Sin embargo, cuando emprendés, todos los días surgen objetivos nuevos, más grandes, más desafiantes. Es importante aprender a amar el proceso y no los objetivos. Los objetivos van a tender siempre a infinito”.

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