La elefanta Mara llegó al santuario en Brasil luego de un viaje de 2.700 kilómetros

Pasadas las 14 horas, con 31 grados de temperatura y después de haber recorrido 2.700 kilómetros dentro de una caja metálica, la elefanta Mara pisó tierra.

Tierra roja, la del Mato Grosso brasileño, la del santuario para elefantes en donde pasará el resto de su vida. Y lo primero que hizo fue justamente jugar con esa tierra: asomó la trompa, la recogió y comenzó a arrojarla por encima de la caja. Después, la arrojó sobre los costados de su cuerpo. Y se tomó su tiempo para tomar confianza y continuar alejándose de la caja.

Después bebió el agua que le ofrecieron y jugó unos minutos más. Paso a paso, muy tranquila y serena, se acercó hasta una montaña con más de esa tierra nueva para ella. Le tomó menos de un minuto quedar casi roja por completo.

Así fueron los primeros momentos de Mara en su nuevo hogar en Chapada dos Guimaraes. Todo el proceso fue transmitido en vivo por el director del Ecoparque, Federico Iglesias, que se encontraba en el lugar junto a una parte del equipo de cuidadores de la elefanta.

La vida de la elefanta Mara es tan singular, que incluso el operativo para su traslado quedará enmarcado como un hecho único: pudo hacerse pese a que el mundo se encuentra azotado por la pandemia de coronavirus. Ni el «aislamiento social preventivo y obligatorio» le impidió a Mara continuar su historia y recorrer 2.700 kilómetros hasta llegar al santuario. Un viaje que valió la pena: pasó de compartir 1,2 hectáreas con otras dos elefantas -Pupi y Cuqui- a este sitio en el que dispondrá de casi 30 de las 1.100 hectáreas del «Santuario de Elefantes Brasil».

Guillermo Delfino es jefe de cuidado animal del Ecoparque y acompañó a Mara hasta la frontera con Brasil. Le contó a Clarín que «la contingencia del coronavirus obligó a realizar un trabajo de planificación impresionante, en el que intervinieron muchos entes. Entre logística y cuidadores, fuimos 15 las personas que acompañamos a Mara. La vimos bien en todo momento. Hubo paradas planificadas y otras que improvisamos a lo largo del camino. Salimos el sábado a la tarde del Ecoparque y el lunes ya estábamos en Foz de Iguazú. En cada parada se alimentaba e hidrataba. Monitoreamos su estado de salud, su comportamiento y aprovechábamos para vincularnos con ella, que supiera que estábamos ahí«, contó.

El martes por la noche, la caja cambió de camión. Se pasó a otro más apto para circular por un terreno diferente. «Volver hoy al Ecoparque y no ver a Mara fue muy fuerte. Ella se fue a un lugar en donde va a poder caminar kilómetros y kilómetros, en donde va a interactuar con elefantes de su especie. Va a tener mejores condiciones de vida. Nosotros la vamos a extrañar mucho, pero sabemos que todo lo que se hizo valió la pena», dijo Delfino.

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