La empresa MacRebur, fundada en 2016 en Lockerbie por Toby McCartney, Gordon Reid y Nick Burnett, transforma residuos plásticos —equivalentes a miles de botellas y bolsas— en gránulos que se utilizan como aditivo para el asfalto. El objetivo es reducir el uso de betún, un derivado del petróleo, y mejorar la resistencia de las carreteras.
El plástico no se incorpora como fragmentos sueltos, sino que se funde industrialmente para actuar como un aglutinante más fuerte y flexible. Esto permite fabricar el material en plantas convencionales sin necesidad de maquinaria adicional.
Expansión internacional
La tecnología ya se aplica en más de 30 países, incluyendo Reino Unido, Australia, Sudáfrica, Dubái y varias naciones de América.
El compuesto patentado MR6 puede ser hasta un 60% más resistente y ofrecer una vida útil hasta 10 veces mayor que el asfalto tradicional, reduciendo la formación de baches y grietas.
Origen de la idea
El concepto nació cuando Toby McCartney observó en India el uso improvisado de plástico fundido para rellenar baches en el asfalto.
Inspirado en esa práctica, desarrolló una versión industrial controlada en Escocia, que hoy se posiciona como un ejemplo de economía circular aplicada a la construcción vial.

Preocupación por los microplásticos
Uno de los aspectos más delicados es el riesgo de microplásticos. MacRebur aclara que utiliza polímeros procesados que se funden durante la mezcla y se integran al ligante asfáltico, evitando que queden fragmentos sueltos en la carretera. Esta diferencia es clave para comprender la tecnología y evitar interpretaciones erróneas.
Aun así, las aplicaciones deben cumplir normas técnicas y someterse a pruebas independientes que garanticen seguridad, resistencia, adherencia y estabilidad térmica.
Beneficios principales
- Impacto ambiental positivo: evita que millones de toneladas de plásticos terminen en vertederos u océanos y reduce el consumo de energía para producir materiales vírgenes.
- Mejora estructural: los polímeros aumentan la cohesión y elasticidad de la mezcla, reduciendo baches y grietas.
- Mayor durabilidad: menos mantenimiento y reparaciones, con ahorro económico a largo plazo.
- Economía circular: disminuye el uso de betún y convierte residuos contaminantes en recursos viales.
Un mercado en crecimiento
El ecoasfalto ya no es una curiosidad medioambiental: compite directamente con soluciones tradicionales de pavimentación. Su expansión internacional demuestra que reutilizar plásticos en carreteras puede ser una estrategia viable para reducir la huella de carbono hasta en un 10%, conservar recursos naturales y mejorar la infraestructura urbana.
La propuesta de MacRebur muestra cómo la innovación puede transformar un problema ambiental en una solución práctica. Al convertir residuos plásticos en carreteras más resistentes y duraderas, la empresa escocesa abre el camino hacia un modelo de construcción vial sostenible, donde la economía circular y la reducción de emisiones se integran en la vida cotidiana.



