jueves, junio 30, 2022

Una monja construyó una central hidroeléctrica que genera energía gratuita a todo un pueblo africano

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La hermana Alphonsine Ciza pasa la mayor parte del día con botas de goma y el velo blanco bajo un casco de constructora, atendiendo la microcentral hidroeléctrica que construyó para superar los cortes de electricidad diarios en su pueblo de Miti, en el este de la República Democrática del Congo.

Trabaja las 24 horas del día con un equipo de monjas e ingenieros, engrasando la maquinaria y comprobando los diales de un generador que se alimenta de un embalse cercano y que ilumina gratuitamente un convento, una iglesia, dos escuelas y una clínica.

Sin la planta hidroeléctrica, los residentes locales sólo tendrían electricidad dos o tres días a la semana durante unas pocas horas.

“Las hermanas tenemos que prestar muchos servicios”, dijo Ciza, de 55 años, con un medidor de voltaje portátil colgado del cuello en esta ciudad de unos 300.000 habitantes, cerca de la frontera con Ruanda.

Los apagones son un trastorno diario en el Congo, un vasto país centroafricano de unos 90 millones de habitantes que obtiene la mayor parte de su electricidad de un sistema hidroeléctrico deteriorado y mal gestionado.

El gobierno colaboró con socios extranjeros en un esfuerzo por aumentar la capacidad de la maltrecha red eléctrica de esta nación rica en minerales. Los críticos dicen que los nuevos proyectos se centran demasiado en alimentar los emprendimientos mineros y en exportar electricidad a los países vecinos.

A pesar de los millones de dólares de los donantes, sólo un 20% de la población tiene acceso a la energía eléctrica, según el Banco Mundial.

Cansada de depender de la luz de las velas y de los costosos generadores alimentados por combustible, Ciza empezó a recaudar dinero en 2015 para construir esta central hidroeléctrica.

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Cuando era una joven monja, aprendió a reparar los problemas eléctricos del convento, por lo que convenció a sus superiores para que la enviaran a estudiar ingeniería mecánica.

El convento de Ciza tardó tres años en reunir los 297.000 dólares necesarios y construir la central, que genera entre 0,05 y 0,1 MW.

Gracias a los esfuerzos de Ciza, los alumnos de la escuela secundaria Maendeleo de Miti pueden ahora aprender informática a través de computadoras y no de los libros.

Antes, la electricidad sólo llegaba por la noche, cuando los niños ya no estaban en la escuela.

Tener nuestra propia turbina hidroeléctrica fue un gran alivio, dice Mweze Nsimire Gilberte, directora.

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