sábado, junio 25, 2022

Energía solar flotante ayudaría a combatir el cambio climático

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La propuesta aparece como movilizadora, aunque necesitará de mayores análisis. Cubrir el 10% de los embalses hidroeléctricos del mundo con “energía flotante” ayudaría a instalar tanta capacidad eléctrica como la que actualmente tienen las centrales de combustibles fósiles. Lo que queda por evaluar los impactos ambientales y sociales. Esta conclusión se desprende de un informe publicado por la revista Nature.

Lo cierto es que para lograr una mayor descarbonización en la producción de electricidad es necesario desplegar paneles solares grandes zonas de todo el mundo. Para el año 2050, Estados Unidos podría necesitar hasta 61.000 kilómetros cuadrados de paneles solares, una superficie mayor que la de los Países Bajos.

Por otro lado, países con escasez de tierra, como Japón y Corea del Sur, podrían tener que dedicar el 5% de su territorio a parques solares. Claro que la respuesta sobre dónde colocar estos paneles no es simple. Ya está presente una competencia feroz por un terreno que también es necesario para la producción de alimentos y la conservación de la biodiversidad. Por ello, un potencial solución podría ser desplegar paneles solares flotantes (“floatovoltaicos”) en embalses.

Los obstáculos de la generación de energía solar


La idea de la flotación para la generación de energía solar aparece como muy prometedora, y se ha producido un rápido aumento de la instalación y las inversiones. Pero todavía hay muchas incógnitas sobre el impacto medioambiental de esta tecnología, así como sobre sus dimensiones sociales, técnicas y económicas. Algunos especialistas señalan que es necesario lograr esas respuestas para evitar que los beneficios de esta tecnología sean excesivos o que su despliegue se vea frustrado por obstáculos imprevistos.

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Uno de los obstáculos a superar es la ocupación de la superficie, ya que la energía solar necesita de mucho espacio, y requiere al menos 20 veces más superficie que las centrales convencionales de combustibles fósiles para producir un gigavatio (GW) de electricidad. Se han propuesto varios entornos como ubicaciones para instalaciones extensas, cada uno con ventajas e inconvenientes.

Los desiertos tienen mucha luz solar y no tienen mucha competencia por el uso del suelo. Pero incluso aquí hay contrapartidas. Por ejemplo, los modelos indican que en el Sáhara, el color oscuro de las grandes extensiones de paneles solares alteraría las temperaturas locales y los patrones globales de flujo de aire de manera que podría causar sequías en el Amazonas, pérdida de hielo marino en el Ártico, entre otros potenciales inconvenientes. Los proyectos de energía solar en el desierto de Mojave, en el sudoeste de EE.UU., han reducido la cubierta de cactus que son culturalmente importantes para los nativos americanos residentes.

Una potencial ayuda contra la crisis climática


Otro problema es la logística de la distribución, ya que es complejo transportar energía desde lugares remotos o alejados. Los campos agrícolas son otra posibilidad interesante, pero los investigadores sólo están empezando a comprender cómo afectará a la producción de alimentos el emparejamiento de paneles solares con cultivos en sistemas “agrivoltaicos. Por su lado, las azoteas, los aparcamientos y las carreteras también son buenas opciones, pero su escala es limitada.

Como contrapartida, algunos consideran que la colocación de paneles solares en embalses podría tener muchas ventajas. Se trata simplemente de paneles solares convencionales instalados en flotadores que se anclan mediante líneas de amarre. La proximidad al agua tiende a mantenerlos fríos, lo que hace que los paneles flotantes sean un 5% más eficientes que los terrestres. Los paneles protegen la superficie del sol y podrían reducir la evaporación, reteniendo el agua para la energía hidroeléctrica, el consumo y el riego. LO que suma es que los embalses hidroeléctricos ya cuentan con la infraestructura de red para transportar la electricidad a los consumidores, lo que reduce los costes de transmisión.

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La energía fotovoltaica flotante también podría reducir la intensidad de carbono de algunas operaciones hidroeléctricas. Muchas centrales hidroeléctricas son tan bajas en carbono como otras energías renovables. Pero en algunos proyectos se libera mucho metano a partir de la materia vegetal sumergida en descomposición que pueden emitir tanto carbono por unidad de energía como las centrales eléctricas de combustibles fósiles. La colocación de paneles solares en tan sólo un 2% de la superficie del embalse podría duplicar la producción de electricidad, reduciendo así a la mitad la intensidad de carbono, que es una medida importante en la política climática.

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