La fuente menos pensada: en Barcelona un bus funciona con excrementos humanos, cómo los transforma en energía

La búsqueda de fuentes renovables y limpias de energía es, definitivamente, una prioridad global. En ese camino aparecen innovaciones increíbles, como en Barcelona, en donde un bus funciona con excrementos humanos.

De manera completamente sorprendente e inusual, aprovecha la energía que generan los seres humanos, a partir de los lodos de aguas residuales.

Energía humana: más allá del calor corporal

Mientras la energía solar y la eólica captan la mayor atención, proyectos menos convencionales están demostrando su eficacia.

La energía generada por el ser humano ya se utiliza en algunos lugares. En Estocolmo, por ejemplo, el calor de la estación de trenes se transfiere a un edificio de oficinas cercano para su calefacción, demostrando que incluso en espacios masivos, la energía humana es una fuente viable.

La línea innovadora que circula por Barcelona. (Foto: Ecoticias).
La línea innovadora que circula por Barcelona. (Foto: Ecoticias).

Pero el calor no es la única forma en que podemos generar energía. En Barcelona, un autobús de la línea V3 ha estado funcionando con biometano producido a partir de lodos de aguas residuales durante cinco años.

Este combustible, derivado de los excrementos, emite un 80% menos de dióxido de carbono que el gas natural convencional, convirtiéndolo en una solución innovadora y mucho más limpia.

Proyecto Nimbus: de residuos a combustible limpio

Este exitoso experimento es el resultado del proyecto Nimbus, una colaboración entre la compañía de gestión de aguas Veolia, Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) y la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Lograron, desde hace unos cinco años, redefinir el concepto de economía circular al convertir un desecho en un recurso valioso para el transporte público.

El proceso es fascinante. A través de un método innovador, los investigadores transforman cuatro metros cúbicos de lodo por hora en biometano de alta pureza.

Aunque el gas inicial contiene un 65% de metano y un 35% de dióxido de carbono, el equipo de Veolia lo purifica combinando el dióxido de carbono con hidrógeno de fuentes renovables.

De esta manera, casi todo el biogás se convierte en biometano, asegurando que el combustible final sea mucho menos contaminante.

El éxito de este proyecto demuestra que los desechos que generamos cada día tienen un enorme potencial para ser transformados en energía. El autobús de Barcelona que se mueve con excrementos no solo es una curiosidad, sino un modelo a seguir en la lucha por un futuro más sostenible.

A partir de ahora, viene la etapa de producción a gran escala impulsada por fondos europeos. La meta final es hacer eficiente la producción de este combustible. Una opción creada a partir de los residuos sólidos de la ciudad. Se busca que llegue a parar a los depósitos de los autobuses en un futuro cercano.

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