Dónde la tecnología 5G puede reducir las emisiones y dónde puede aumentar la presión

El despliegue de las redes de quinta generación abarca cada vez más regiones y, en paralelo al aumento de la cobertura, crece el debate sobre qué huella dejará esta infraestructura en la agenda climática. Los defensores del estándar lo asocian a la esperanza de reducir la huella de carbono en la energía, el transporte y los servicios urbanos. Los escépticos recuerdan que cada nueva ola tecnológica en el pasado aumentó el consumo de recursos.

Sin tener en cuenta los inconvenientes del «efecto verde», no será posible

No es posible reducir el impacto del 5G en el clima a una fórmula simple. El crecimiento vertiginoso de los dispositivos y del tráfico puede elevar el consumo energético y, sin una evaluación previa de los efectos negativos, cualquier promesa de sostenibilidad se quedará en una mera declaración. Entre las medidas que los investigadores consideran obligatorias se mencionan la descarbonización, una refrigeración más eficiente del equipo, el reciclaje de materiales tóxicos, el uso de sensores biodegradables y el uso compartido de la infraestructura de red por varios operadores.

La principal promesa del 5G reside en una mayor velocidad, capacidad de transmisión y una latencia mínima de la señal, lo que hace más viable la automatización y la gestión de procesos mediante inteligencia artificial. Precisamente a través de la optimización de recursos, la tecnología puede reducir potencialmente el consumo de combustible y de electricidad en toda una serie de sectores.

Qué dicen los estudios sobre las emisiones por unidad de datos

Si la red transmite más información con un menor gasto de energía, las emisiones por unidad de tráfico disminuyen. Un estudio de la Universidad de Zúrich y del laboratorio suizo Empa respaldó esta tesis con cifras: para 2030 se espera una reducción de las emisiones de aproximadamente un 85% por unidad de datos transmitidos en comparación con las redes móviles actuales. Más allá del efecto puramente de red, aparecerán aplicaciones, desde redes eléctricas inteligentes hasta agricultura de precisión, que reducirán adicionalmente el CO₂ en la economía.

La paradoja del consumo energético es la siguiente: habrá más dispositivos, la demanda de electricidad crecerá; sin embargo, el propio estándar y la arquitectura de las redes están orientados a reducir el coste de «vatios por bit», y la baja latencia permite optimizar con precisión el consumo en edificios y ciudades.

Cómo ahorran energía exactamente las redes y el equipamiento

Los medios especializados señalan que los estándares 5G se diseñaron desde el principio pensando en un menor consumo energético con una transmisión de datos comparable. Los mecanismos prácticos de ahorro incluyen varias líneas:

  •  mayor rendimiento por unidad de energía: si en 4G un kWh permitía descargar unas 300 películas en HD, en 5G ese mismo kWh permite del orden de 5 000 descargas en ultra alta definición;
  •  modernización de las estaciones base con reducción del calor generado, transición a la refrigeración por aire exterior y a la refrigeración líquida, así como gestión energética por software, lo que, según informes de varios operadores, mejora la eficiencia energética hasta en un 80%;
  •  modos «de suspensión» para dispositivos y tramos de la red en periodos de inactividad;
  •  IA y analítica para reducir el consumo energético de los ventiladores y de los equipos auxiliares.

Estas cifras adquieren especial relevancia en un contexto en el que el tráfico móvil crece vertiginosamente. La gente utiliza cada vez más los teléfonos inteligentes para vídeo en transmisión en directo, juegos en la nube, videollamadas y servicios de entretenimiento. Un aporte notable al crecimiento del tráfico lo hacen también los casinos en línea, cuya audiencia se amplía por varias razones: la simplificación del registro, la adaptación de las plataformas a dispositivos móviles y la disponibilidad de bonificaciones de bienvenida. Muchas plataformas ofrecen  sin deposito dinero gratis por crear una cuenta, lo que reduce la barrera de entrada y atrae a nuevos usuarios que generan tráfico adicional. 

América Latina, el Sudeste Asiático y varios mercados europeos registran un crecimiento anual de dos dígitos de las sesiones móviles en este segmento. Sin embargo, gracias a la arquitectura del 5G, incluso un aumento múltiple de los volúmenes de datos transmitidos no tendrá consecuencias ambientales catastróficas, ya que el gasto de energía por cada gigabyte transmitido sigue disminuyendo.

Transporte – autonomía, electrificación y flota compartida

El transporte sigue siendo una de las mayores fuentes de emisiones, y la coordinación digital del tráfico puede reducir el consumo de combustible y el tiempo al ralentí en los atascos. La comunicación «vehículo a vehículo» y «vehículo a infraestructura» a través del 5G permite tomar decisiones en fracciones de segundo, necesarias para el transporte autónomo. Un estudio del MIT, al que hace referencia IEEE, pronostica que el uso compartido de vehículos autónomos puede retirar de las carreteras hasta el 80% de los coches privados. En combinación con la electrificación masiva y la optimización del tráfico para maximizar la eficiencia, esto reducirá de forma notable el consumo de combustibles fósiles.

La infraestructura urbana también se beneficia: semáforos adaptativos, sensores, cámaras y unidades de comunicación vial redistribuyen los flujos y reducen los atascos. Nueva York ya está desplegando sistemas de este tipo, contando con reducir el tiempo de viaje y las emisiones de los motores al ralentí.

Conectividad sin cables innecesarios

La infraestructura por cable requiere materiales, construcción y mantenimiento constante. Muchos países africanos «se saltaron» la etapa de la conectividad por cable, ahorrando recursos. Una lógica similar funciona para las zonas rurales de EE. UU., donde unos 19 millones de habitantes aún no tienen acceso de banda ancha. El despliegue del 5G en lugar de tender cable reducirá las obras y el número de desplazamientos de los equipos de reparación tras los daños por tormentas en las líneas.

El teletrabajo y las ciudades inteligentes como efectos indirectos de una conectividad rápida

Una conectividad estable y de alta velocidad respalda el trabajo remoto y la modalidad híbrida. Según estimaciones de Global Workplace Analytics, entre el 25% y el 30% de la población ocupada seguirá trabajando desde casa varios días a la semana. Menos desplazamientos significa menos presión sobre las carreteras y, potencialmente, una menor necesidad de espacio de oficinas con su calefacción, aire acondicionado e iluminación.

El 5G también se considera una base para el IoT a escala urbana e industrial: redes eléctricas inteligentes, gestión de sistemas de agua, monitorización del estado de los edificios, agricultura de precisión y procesos de producción más eficientes. El efecto se logra gracias a la automatización y a la gestión precisa de los recursos en tiempo real.

Aún queda por calcular el balance total

El beneficio «verde» potencial del 5G está ligado al aumento de la eficiencia y a la gestión de sistemas en tiempo real. Sin embargo, el resultado final depende de cuán rápidamente crezcan el consumo de datos y el número de dispositivos conectados, de cómo el sector resuelva las cuestiones de suministro energético, refrigeración, reciclaje del equipamiento y uso compartido de la infraestructura. Investigaciones adicionales y despliegues prácticos mostrarán si la quinta generación de conectividad resultará positiva en términos netos para el clima o si sus ventajas ambientales quedarán neutralizadas por los efectos secundarios del crecimiento.

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