En la ciudad de San Francisco, ubicada en el centro de la provincia de Córdoba, las infraestructuras verdes como techos vegetales y jardines verticales aún no han sido incorporadas de forma masiva. Sin embargo, representan una alternativa innovadora y sustentable para repensar el entorno construido.
Según Jorge Gallo, referente local y fundador del emprendimiento Gallo Verde, estas técnicas podrían modificar el paisaje urbano y mejorar el bienestar cotidiano.
Jardines verticales: belleza, salud emocional y eficiencia técnica
Con más de 30 años de experiencia en jardinería, Jorge se capacitó en Buenos Aires para traer estas soluciones a su ciudad natal. Los jardines verticales permiten reverdecer superficies que no admiten suelo, como paredes de departamentos, oficinas o edificios altos. Además de embellecer, tienen un impacto emocional positivo.
“Ayudan con la ansiedad, te relajan. Es otro aire el que estás respirando”, afirma Gallo en dialogo con el portal La Voz de San Justo.
Desde lo técnico, funcionan como barrera acústica, regulan la temperatura y reducen el riesgo de inundaciones al absorber parte del agua de lluvia. En cuanto al mantenimiento, Jorge explica que un jardín vertical pequeño se cuida como una maceta.
También menciona los sistemas hidropónicos, que requieren nutrientes específicos, pero asegura que son fáciles de mantener. De hecho, Gallo Verde instaló uno hace dos años y medio en el barrio Los Palmares, con resultados excelentes.

Techos verdes: climatización eficiente y reducción del impacto urbano
Aunque en San Francisco aún no se implementaron techos verdes, Jorge señala que en ciudades con alta densidad estas soluciones tienen gran sentido urbano y ambiental. “Bajan la temperatura, ahorrás energía, ayudás al medio ambiente”, sostiene.
También desmitifica la idea de que generan humedad: “Si está mal hecho, puede generar humedad; pero si hacés bien el trabajo, no hay problema. Antes era más complicado; ahora es modular y solucionable”.
Los datos respaldan sus afirmaciones: los techos verdes mejoran la climatización del edificio, reducen el efecto isla de calor, disminuyen la contaminación acústica y purifican el agua de lluvia.
Por su parte, los jardines verticales filtran CO2, aumentan la biodiversidad y ofrecen aislamiento térmico y sonoro.
Barreras culturales y oportunidades locales
Jorge reconoce que aún falta visión local: “La gente viaja, ve estos métodos afuera, pero acá todavía no lo aplican”. Sin embargo, destaca que los materiales modulares actuales permiten una instalación sencilla, similar a la de una obra convencional.
En una ciudad como San Francisco, que aún conserva abundantes espacios abiertos pero también muestra una creciente conciencia ambiental, estas soluciones representan una oportunidad estratégica para repensar el uso del entorno construido.
Aunque su implementación en San Francisco todavía es incipiente, la experiencia acumulada en otras regiones demuestra que, con difusión, capacitación y planificación, los techos verdes y jardines verticales pueden integrarse al paisaje urbano y convertirse en una alternativa sustentable para viviendas, oficinas y espacios públicos.



