En plena preparación para el Mundial 2026, Ciudad de México ha elegido al ajolote como su símbolo distintivo. Este anfibio, que aparece en campañas publicitarias y elementos urbanos, representa resistencia e identidad cultural. Sin embargo, en su hábitat natural, los canales de Xochimilco, la especie enfrenta una amenaza crítica de extinción.
El ajolote: de emblema cultural a especie en peligro
La popularidad del ajolote contrasta con su estado vulnerable. A pesar de ser un icono creciente, el Ambystoma mexicanum está catalogado como especie en peligro crítico. Las principales causas de su disminución son la pérdida de hábitat y la contaminación del agua. Mientras se celebra su imagen, la calidad del agua en la que vive sigue deteriorándose.
En la presentación de la imagen oficial del Mundial, el Gobierno de Ciudad de México destacó al ajolote como un símbolo del antiguo sistema lacustre, junto a íconos como Quetzalcóatl.
Sin embargo, expertos como Luis Zambrano, ecólogo de la UNAM, señalan que la atención en su imagen no implica su conservación efectiva. El ajolote necesita un entorno limpio y menos presión urbana, no solo ser una cara visible para los turistas.
Las cifras son alarmantes. En 1998, había cerca de 6000 ajolotes por kilómetro cuadrado en Xochimilco. Para 2002, el número cayó a 1000, y en 2014, apenas se contabilizaron 36. Esta disminución no es solo una estadística; es una extinción paulatina.
Zambrano advirtió que el ajolote sigue en peligro crítico y el último censo de la UNAM aún no se ha completado. Aunque todavía hay ejemplares en Xochimilco, es probable que sean menos que en 2014. El problema radica en la pérdida de su hábitat más que en la simple cuenta de sus números.
Un estudio reciente mostró que solo 114 de los 228 kilómetros de canales son adecuados para restauración. Factores como la urbanización y el uso intensivo de la tierra reducen esta cifra a menos de 40 kilómetros. Esto significa que el ajolote pierde cada vez más su hábitat seguro.
La imagen que prevalece del ajolote, en tonos blancos o rosados, es una creación de ejemplares de laboratorio. En la naturaleza, el ajolote es oscuro, lo que le proporciona camuflaje. Esta diferencia importa, ya que la representación errónea puede confundir al público sobre las verdaderas necesidades de conservación de la especie.
No obstante, hay esfuerzos por proteger al ajolote. La UNAM lidera AdoptAxolotl, un programa que busca fondos para restaurar su hábitat y promover prácticas agrícolas sostenibles. Las chinampas refugio son otro esfuerzo para mejorar la calidad del agua y frenar especies invasoras.
Para que el ajolote sea más que un icono visual, es vital que las políticas públicas se orienten a conservar su hábitat. Xochimilco enfrenta no solo la pérdida de una especie, sino de una parte significativa de su historia viva.



