La pérdida de bosques tropicales logró desacelerarse a nivel mundial durante 2025, con una reducción del 36% respecto al año anterior. Sin embargo, América Latina continúa concentrando algunos de los escenarios más preocupantes del planeta, especialmente en Brasil, Bolivia, Perú y Colombia.
El nuevo informe elaborado por el laboratorio GLAD de la Universidad de Maryland, junto con Global Forest Watch y el World Resources Institute, reveló que el mundo perdió 4,3 millones de hectáreas de bosques tropicales primarios durante el último año. La cifra equivale a más de 11 campos de fútbol destruidos por minuto.
Aunque varios países lograron disminuir la deforestación mediante políticas ambientales y controles más estrictos, la presión de la expansión agrícola, la ganadería y los incendios forestales continúa amenazando ecosistemas esenciales para el equilibrio climático global.

Brasil y Colombia muestran señales de recuperación forestal
Brasil volvió a ocupar el primer lugar mundial en pérdida de bosques tropicales, aunque registró una caída significativa del 42 % respecto a 2024. Esta reducción estuvo vinculada al fortalecimiento de políticas ambientales y al aumento de los controles sobre la Amazonía.
Entre las medidas destacadas aparece el Plan de Acción para la Prevención y el Control de la Deforestación en la Amazonía Legal, conocido como PPCDAm, que articula acciones de 19 agencias federales y amplió su alcance a distintos biomas del país.
Además, tanto la Amazonía como el Pantanal mostraron mejoras en los indicadores forestales. No obstante, la Caatinga registró un incremento del 9% en la pérdida de cobertura vegetal, lo que evidencia que la presión sobre los ecosistemas brasileños todavía persiste.
Por otra parte, Colombia consiguió reducir un 17 % la pérdida de bosques tropicales, mientras que Perú logró disminuirla un 8%. Aun así, ambos países siguen dentro de los diez territorios con mayores niveles de deforestación del planeta.
Bolivia enfrenta incendios y avance agropecuario
Bolivia volvió a convertirse en uno de los principales focos rojos ambientales de Sudamérica. Después de los incendios históricos registrados en 2024, el país alcanzó en 2025 el segundo nivel más alto de pérdida de bosque nativo de toda su historia reciente.
El informe advierte que gran parte de la destrucción estuvo vinculada a incendios forestales, muchos de ellos asociados a actividades humanas. Además, la expansión de la frontera agropecuaria continúa avanzando sobre áreas naturales del departamento de Beni y otras regiones boscosas.
La ganadería intensiva y el crecimiento de cultivos como soja, maíz y sorgo siguen impulsando desmontes, incluso en un contexto marcado por problemas de abastecimiento de combustible que limitaron parte de la actividad agrícola mecanizada.
Mientras tanto, los especialistas alertan que la combinación entre cambio climático, altas temperaturas y sequías prolongadas podría intensificar todavía más el riesgo de incendios extremos en los próximos años.

¿Qué medidas está tomando Bolivia frente a la crisis forestal?
Ante el avance de la deforestación y los incendios, Bolivia comenzó a reforzar algunas estrategias de prevención y monitoreo ambiental. Entre ellas aparecen mayores controles sobre focos de calor, campañas de concientización y coordinación con gobiernos locales para responder más rápido ante emergencias forestales.
Asimismo, organismos estatales impulsan sistemas de vigilancia satelital y brigadas para combatir incendios en zonas críticas de la Amazonía y el departamento de Beni. También se desarrollan programas de restauración ecológica en áreas afectadas por desmontes y quemas.
Sin embargo, organizaciones ambientales consideran que las acciones todavía resultan insuficientes frente al crecimiento de la frontera agropecuaria. Diversos especialistas reclaman regulaciones más estrictas sobre desmontes, mayor protección de territorios indígenas y una revisión profunda de las normas que actualmente permiten habilitar nuevas áreas productivas.
La situación boliviana refleja así uno de los mayores desafíos ambientales de América Latina: equilibrar el desarrollo económico con la conservación de bosques fundamentales para la biodiversidad, el agua y la estabilidad climática del planeta.



