Australia ha iniciado una demanda sin precedentes contra la empresa estadounidense 3M, exigiendo más de 2.000 millones de dólares australianos por la contaminación provocada por los llamados químicos eternos.
Estos compuestos, conocidos técnicamente como PFAS, han sido utilizados en espumas ignífugas en bases militares, dejando un impacto ambiental significativo.
Impacto de la Demanda Australiana Contra 3M en la Industria Química
El caso, que destaca la peligrosidad de los PFAS, ha puesto de nuevo bajo el microscopio internacional la necesidad de regulaciones ambientales más estrictas.
Estos químicos son altamente persistentes en el medioambiente, acumulándose en agua, suelos y organismos vivos, lo que genera preocupación mundial.
El gobierno australiano afirma que 3M ocultó información crítica sobre los riesgos ambientales de sus productos, lo que resultó en la contaminación de al menos 28 instalaciones militares.
Los costos actuales de limpieza y descontaminación ya superan los 1.000 millones de dólares australianos, y se espera que aumenten en el futuro.
La fiscal general Michelle Rowland sostiene que la empresa ofreció garantías que no se alineaban con la ciencia de la época, prolongando así el uso de los productos dañinos.
La demanda australiana es parte de una ola creciente de litigios internacionales centrados en los PFAS, que en muchos países están bajo escrutinio por sus efectos adversos.
Mientras tanto, 3M ha respondido que dejó de vender las espumas controvertidas hace dos décadas, y defiende que nunca produjo PFAS en territorio australiano.
El caso podría establecer un precedente significativo en términos de responsabilidad empresarial por contaminación química a nivel global.
La presión internacional para restringir el uso de PFAS está aumentando, con gobiernos y grupos ecologistas exigiendo acciones más firmes para mitigar este problema persistente.
La demanda no solo busca justicia para las comunidades afectadas, sino también una mayor responsabilidad ambiental de las corporaciones.



