martes, marzo 28, 2023

Científicos proponen extraer polvo lunar y esparcirlo en el espacio para combatir el calentamiento global

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Ya sea una idea original o un signo de desesperación, los científicos propusieron transportar regularmente polvo lunar a un punto de gravedad entre la Tierra y el Sol para atemperar los estragos del calentamiento global.

Durante décadas se han barajado ideas para filtrar la radiación solar y evitar el sobrecalentamiento de la Tierra, desde pantallas gigantes en el espacio hasta la producción de nubes blancas reflectantes.

¿Fantasiosos planes de geoingeniería?

Pero la persistente incapacidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta ha hecho que los otrora fantasiosos planes de geoingeniería pasen a ocupar un lugar central en la política, la inversión y la investigación climáticas.

Bastaría con bloquear entre el 1 % y el 2 % de los rayos solares para reducir la temperatura de la superficie terrestre en uno o dos grados centígrados, aproximadamente la misma cantidad que se ha calentado en el último siglo.

La técnica de radiación solar más utilizada hasta ahora es la inyección permanente de miles de millones de brillantes partículas de azufre en la atmósfera superior.

La llamada inyección de aerosoles estratosféricos sería barata, y los científicos saben que funciona porque las grandes erupciones volcánicas hacen básicamente lo mismo. Cuando el Monte Pinatubo, en Filipinas, explotó en 1991, las temperaturas del hemisferio norte bajaron unos 0,5 ºC durante casi un año.

Pero hay efectos secundarios potenciales graves, como la alteración de los patrones de lluvia de los que dependen millones de personas para cultivar alimentos.

Polvo lunar como escudo solar

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista PLOS Climate explora la posibilidad de utilizar el polvo lunar como escudo solar.

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Un equipo de astrónomos aplicó a la Luna de la Tierra los métodos utilizados para seguir la formación de planetas alrededor de estrellas lejanas, un proceso desordenado que levanta grandes cantidades de polvo espacial.

Las simulaciones por ordenador demostraron que situar el polvo lunar en un punto gravitatorio óptimo entre la Tierra y el Sol “bloqueaba una gran cantidad de luz solar con una pequeña cantidad de masa”, afirma el autor principal Ben Bromley, profesor de Física de la Universidad de Utah.

Según informa The Guardian, este concepto implicaría la extracción de millones de toneladas de polvo de la Luna y su posterior “eyección balística” a un punto del espacio situado a un kilómetro de la Tierra, donde los granos flotantes bloquearían parcialmente la luz solar entrante.

Los científicos probaron varios escenarios con distintas propiedades y cantidades de partículas en diferentes órbitas, buscando el que arrojara más sombra.

El polvo lunar fue el que mejor funcionó. Las cantidades necesarias, dijeron, requerirían el equivalente de una gran operación minera en la Tierra.

Falta calcular la viabilidad logística

Los autores subrayaron que su estudio estaba diseñado para calcular el impacto potencial, no la viabilidad logística. “No somos expertos en cambio climático ni en cohetería”, afirma Benjamin Bromley, coautor del estudio y profesor del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica.

“Solo estábamos explorando diferentes tipos de polvo en una variedad de órbitas para ver lo eficaz que podría ser este enfoque”, añadió. “No queremos perdernos un cambio de juego para un problema tan crítico”.

Expertos ajenos al estudio elogiaron su metodología, pero dudaron de que funcionara realmente.

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“Colocar el polvo lunar en el punto medio de gravedad entre la Tierra y el Sol puede, efectivamente, reflejar el calor”, dijo el profesor de la Universidad de Edimburgo Stuart Haszeldine.

“Pero esto es como intentar equilibrar canicas en un balón de fútbol: en una semana la mayor parte del polvo ha salido de su órbita estable”.

Para Joanna Haigh, profesora emérita de atmosférica del Imperial College de Londres, el estudio es una distracción.

El principal problema, según ella, “es la sugerencia de que la aplicación de estos planes resolverá la crisis climática, cuando lo único que hace es dar a los contaminadores una excusa para no actuar”.

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