Una investigación publicada en Nature Geoscience revela que las partículas generadas por la combustión forestal actúan como fertilizantes naturales, aportando fósforo en el humo de incendios, compensando la carencia de minerales esenciales en el suelo de la Amazonía.
Las emisiones de humo provenientes de la quema de biomasa se han revelado como una fuente crítica de fósforo en el humo de incendios, un elemento vital que fomenta el crecimiento de la selva amazónica.
Aunque los incendios forestales representan una amenaza directa y devastadora para la biodiversidad, un reciente estudio científico detalla cómo los aerosoles orgánicos transportados por las corrientes de aire funcionan como un fertilizante atmosférico que nutre extensas áreas de este ecosistema tropical.
Históricamente, la comunidad científica consideraba que el polvo mineral proveniente del desierto del Sahara era el principal proveedor externo de nutrientes para la región.
No obstante, el análisis de los investigadores ha determinado que la combustión de vegetación libera cantidades significativas de fósforo soluble.
Fósforo en el humo de incendios
Este componente, al ser dispersado por el humo, es absorbido por el dosel forestal y el suelo tras su deposición, permitiendo una regeneración y un desarrollo biológico que de otro modo sería más lento.
Esta transferencia de nutrientes resulta fundamental para el equilibrio ecológico, dado que el fósforo suele ser el «cuello de botella» o factor limitante para la productividad vegetal en los suelos tropicales, que son naturalmente antiguos y pobres en minerales.
Al recibir este fósforo en el humo de incendios, los árboles pueden realizar sus procesos fotosintéticos y de crecimiento con mayor eficiencia, especialmente en zonas alejadas de las fuentes tradicionales de sedimentación mineral.
El hallazgo subraya una compleja paradoja ambiental: mientras que el fuego destruye áreas localizadas de biomasa, el humo resultante redistribuye minerales que pueden potenciar la resiliencia de las regiones no afectadas.
Los datos recopilados sugieren que el impacto de este aporte es comparable a la sedimentación transatlántica de polvo, lo que obliga a redefinir los modelos actuales sobre los ciclos bioquímicos y la nutrición de la cuenca del Amazonas ante el cambio climático.




