Julio registró la mayor tasa de deforestación de la Amazonía brasileña

La deforestación de la Amazonía brasileña creció un 32 % en julio, frente a junio, con 1.486 kilómetros cuadrados de vegetación nativa devastada, la mayor pérdida de selva registrada desde enero de este año, informó el gobierno.

Pese a que la deforestación en julio se mantuvo prácticamente estable con la del mismo mes del año pasado (-0,7 %), el área perdida entre agosto de 2021 y julio de este año, período de referencia para la medición anual de la devastación en Brasil, fue de 8.590 kilómetros cuadrados.

Medición satelital

Los datos corresponden a la medición de la deforestación que realiza mensualmente el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe) a partir del análisis de imágenes de satélite.

Pese a tratarse de un estimado, la cifra ya muestra que la deforestación de la selva se ubicará en el promedio de los últimos tres años, aunque el dato oficial se conocerá hacia noviembre, cuando un sistema más sofisticado (Prodes) divulgue la tasa oficial.

Las cifras volvieron a prender las alarmas de los ecologistas, pues el año pasado fueron devastados 8.780 kilómetros cuadrados de vegetación, según el Deter, mientras que el Prodes calculó que la destrucción de la selva fue de 12.415 kilómetros cuadrados.

«Entre enero y julio hubo cerca de 5.470 kilómetros cuadrados (devastados), lo que evidencia que la deforestación se estabilizó en tasas bastante altas en este bioma» en los últimos años, señaló a Efe Mari Napolitano, gerente de ciencias del Foro Mundial para la Naturaleza (WWF) en Brasil.

La devastación de la Amazonía brasileña ha crecido considerablemente en los últimos cuatro años, un hecho que los ecologistas atribuyen a la falta de controles y fiscalización del Gobierno de Jair Bolsonaro para frenar la minería ilegal, el comercio ilícito de madera o la pesca irregular.

Explotación de la Amazonía

Bolsonaro defiende la explotación de los recursos naturales de la Amazonía, incluso en reservas indígenas donde es prohibido por ley, y desde que llegó al poder, en 2019, los índices de devastación en la selva han aumentado considerablemente.

En 2018, un año antes de que el líder ultraderechista asumiera la Presidencia, fueron arrasados 7.536 kilómetros de selva, un 34 % menos que en 2019, un 44 % menos que en 2020 y prácticamente la mitad de lo registrado en 2021 (13.038 kilómetros cuadrados).

La más extensa selva tropical del planeta concentra el 72 % de la extracción minera de Brasil -en su mayoría ilegal-, y el 99 % de la madera comercializada por el país es extraída ilegalmente de esta región.

«Esto es un esquema organizado, patrocinado por grandes terratenientes y acaparadores de tierras que se sienten protegidos por el deshielo de las políticas de protección ambiental y la lucha contra la deforestación que se han producido en los últimos años», señaló Rómulo Batista, un vocero de Greenpeace, en un comunicado.

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