Los estragos de la caza furtiva en Argentina

 

El país presenta diferentes modalidades de caza: la de subsistencia, practicada especialmente por comunidades indígenas para alimentarse.
 
La caza cultural, sobre animales que se cree “mágicos” o con poderes especiales como algunas tortugas o sapos; la comercial, como lo es la caza del coypo, para peletería, y la de la liebre europea, por su carne; la deportiva, practicada sobre especies menores como patos, perdices o palomas y mayores como ciervos, jabalíes o antílopes.
 
La caza furtiva es la caza ilegal. Miles son los ejemplos de esta caza marginal que la hacen la más popular de todas las que se dan en nuestro país. Sólo para dar algunos ejemplos, podemos citar la realizada sobre especies protegidas y en peligro de extinción como el venado de las pampas, el ciervo de los pantanos, la taruca y el cauquén colorado, entre otros.
 
Recientemente, el país se conmovió ante la caza furtiva en Misiones de un yaguareté que estaba siendo investigado por biólogos. De hecho fue muerto cuando tenía un collar radiotransmisor gracias al cual se conocían sus hábitos (información crucial para conservar la especie).
 
En el marco de la campaña “La selva está de luto”, realizada con el objetivo de concientizar a la población sobre la situación del yaguareté e informar sobre lo sucedido recientemente, 100 mil personas respaldaron con su firma el petitorio que solicita a los gobiernos nacional y provincial destinar mayor presupuesto, más guardaparques, mejoras en infraestructura y controles contra la caza furtiva en las áreas naturales protegidas, para favorecer la conservación de la especie. A su vez, se recorrieron 13 ciudades del norte de Misiones para compartir información con los lugareños, llevando un yaguareté gigante como emblema.
 
 
 

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