Retiraron las firmas del proyecto de ecocidio que preveía penas de hasta 25 años de prisión por daño ambiental 

La discusión sobre la incorporación del delito de ecocidio al Código Penal volvió a ocupar el centro de la escena política argentina. La iniciativa, que obtuvo dictamen en comisiones del Senado a comienzos de junio, propone establecer penas de prisión y sanciones económicas para quienes provoquen daños ambientales graves, extensos y duraderos.

Sin embargo, el avance parlamentario quedó envuelto en una controversia institucional luego de que integrantes del bloque oficialista anunciaran el retiro de firmas del dictamen. La situación abrió un debate sobre la validez del procedimiento y sobre el cumplimiento de las normas internas que regulan el funcionamiento de la Cámara alta.

Mientras tanto, el proyecto continúa generando posiciones encontradas entre sectores ambientales, legisladores y representantes de distintas actividades productivas. El eje de la discusión gira en torno a cómo compatibilizar el desarrollo económico con una protección más estricta de los ecosistemas.

La propuesta fue impulsada por la senadora Edith Terenzi, de Chubut, y recibió apoyo para avanzar en el plenario de las comisiones de Justicia y Asuntos Penales y de Ambiente. Posteriormente, el texto quedó en condiciones de ser tratado en el recinto.

Proponen incluir la figura del ecocidio en el Código Penal argentino. Foto: Greenpeace.
Retiraron las firmas del proyecto de ecocidio que preveía penas de hasta 25 años de prisión por daño ambiental . Foto: Greenpeace.

Las penas previstas para los delitos ambientales

El proyecto establece sanciones para quienes, incumpliendo la normativa ambiental vigente, ocasionen daños severos sobre el ambiente. Las penas contemplan prisión de entre tres y diez años, además de multas económicas vinculadas al salario mínimo vigente.

Asimismo, cuando el perjuicio ambiental sea irreversible, las condenas podrían elevarse a un rango de entre cinco y quince años de prisión. La iniciativa busca incorporar herramientas penales específicas para castigar situaciones de degradación ambiental de gran magnitud.

Por otra parte, el texto prevé agravantes cuando los hechos tengan consecuencias sobre la salud humana. En esos casos, las penas podrían alcanzar los veinticinco años de prisión si el daño ocasionado derivara en la muerte de personas.

La propuesta también incorpora multas más elevadas para las infracciones más graves, con el objetivo de fortalecer los mecanismos de prevención y reparación de los daños ecológicos.

Debate reglamentario y tensiones políticas

El conflicto político surgió luego del anuncio del retiro de firmas de algunos legisladores que habían acompañado inicialmente el despacho. Diversos sectores señalaron que esa decisión podría entrar en contradicción con las disposiciones reglamentarias del Senado.

De acuerdo con las normas internas de la Cámara, una vez que un dictamen ingresa formalmente a la Mesa de Entradas, las firmas no pueden ser retiradas. Esta interpretación generó preocupación en distintos despachos legislativos y abrió una discusión sobre los pasos institucionales a seguir.

En consecuencia, comenzaron a evaluarse alternativas como devolver el proyecto a comisión, postergar su tratamiento o introducir modificaciones durante el debate parlamentario.

Mientras tanto, el episodio profundizó las tensiones entre sectores oficialistas y aliados, en un contexto donde diferentes proyectos vinculados al desarrollo económico y a la regulación ambiental ocupan un lugar central en la agenda legislativa.

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Retiraron las firmas del proyecto de ecocidio que preveía penas de hasta 25 años de prisión por daño ambiental.

Qué es el ecocidio y cómo surgió este concepto

El término ecocidio se utiliza para describir la destrucción masiva o el daño grave a ecosistemas que comprometen la capacidad de la naturaleza para sostener la vida. Aunque todavía no forma parte del derecho penal internacional, su reconocimiento es impulsado por organizaciones ambientales y especialistas de distintos países.

El concepto comenzó a difundirse durante la década de 1970, cuando surgieron preocupaciones globales por los impactos ambientales de conflictos armados, actividades industriales y procesos de contaminación a gran escala.

Con el paso de los años, la idea evolucionó hasta convertirse en una propuesta jurídica destinada a sancionar acciones que generen daños irreversibles sobre bosques, ríos, océanos, humedales y otros ecosistemas estratégicos.

Actualmente, diversos movimientos internacionales promueven que el ecocidio sea reconocido como un crimen comparable a otros delitos de alcance global. El objetivo es fortalecer la protección ambiental mediante herramientas legales capaces de prevenir impactos que puedan afectar a las generaciones presentes y futuras.

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