Sin garaje no tienes auto, así ha ganado Japón la «guerra del tráfico»

Japón declaró la guerra del tráfico, porque tienes que tener lugar de estacionamiento para tu auto, dejarlo en la calle no es una opción.

La idea es incentivar el uso del transporte público así como de la bicicleta, además favorece que las calles sean más atractivas para caminar y, indirectamente, beneficia al pequeño comercio.

Hasta principios de la década de 1970, Japón soportaba un alto índice de muertes en carretera. Ahora el país ostenta uno de los mejores historiales de seguridad vial del mundo.

Japón, un país conocido por su enfoque innovador del transporte, menos de 3.000 personas murieron en accidentes de tráfico en 2021, frente a más de 42.000 en Estados Unidos.

En términos per cápita, Japón tuvo sólo 2,23 muertes por cada 100.000 residentes, menos de una quinta parte de la tasa estadounidense de 12,6 por 100.000. Y las carreteras japonesas son cada vez más seguras.

En 2021 se produjo el menor número de muertes en carretera de todos los años desde que se empezó a llevar un registro en 1948.

Es todo un cambio con respecto a la década de 1960, cuando una economía en auge y millones de conductores inexpertos contribuyeron a unas cifras anuales de víctimas mortales seis veces superiores a las actuales.

Tan peligrosas eran las calles del país que los japoneses llamaron al fenómeno la «Guerra del Tráfico» y ya no todo el mundo tiene auto.

En la actualidad, Japón es un ejemplo de éxito en materia de seguridad vial. Podemos aprender algunas cosas interesantes del sistema japonés:

Ferrocarril

Desde el lanzamiento del primer tren bala del mundo, el Shinkansen, en 1964, Japón es famoso por la frecuencia, fiabilidad y rapidez de su servicio ferroviario.

Los trenes interurbanos son tan rápidos y frecuentes que a menudo no tiene sentido conducir un auto.

Trayectos que en auto el viaje duraría al menos seis horas, en menos de dos horas y media se puede realizar en tren. El tránsito ferroviario dentro de las ciudades es también impresionante.

Con 285 estaciones, el metro de Tokio es uno de los mayores en pasajeros diarios del mundo. Las ciudades más pequeñas también ofrecen un servicio excelente.

Con tantos trenes, conducir en Japón se convierte en una opción más que en una necesidad.

El servicio ferroviario japonés es también excepcionalmente seguro: el Shinkansen nunca ha sufrido un accidente mortal.

Prohibido el aparcamiento en la calle

Muchos barrios japoneses carecen de algo omnipresente en las ciudades de todo el mundo: aparcamiento en la calle.

En Japón, los propietarios de coches deben obtener un «certificado de garaje», que demuestre que tienen asegurado un lugar para guardar el auto durante la noche en su residencia o en un garaje; dejarlo en la calle no es una opción.

Esto hace que sean menos personas los que quieran tener un coche en propiedad y los animan a utilizar otros medios de transporte, como el transporte público o la bicicleta.

La ausencia de coches aparcados también ayuda a fomentar calles peatonales fomentando las tiendas de barrio. La política de no aparcar también mejora indirectamente la seguridad de las calles, al circular menos vehículos.

Microcoches

Para los que sí conducen, Japón ofrece vehículos más apropiados para la vida urbana: el kei car, una clase de vehículo considerablemente más pequeño y ligero.

Las normativas restringen el tamaño, la potencia y la velocidad de estos microcoches. Son más ágiles para circular por calles estrechas y aparcar.

Aproximadamente un tercio de los coches nuevos que se venden en Japón pertenecen a este segmento. El kei car es el segundo o tercer auto de una familia. Citroen presentó el Ami, un «cuadriciclo ligero» con vistas a su despliegue urbano.

Ciudades seguras para los niños

La ausencia de coches aparcados junto a las aceras mejora la capacidad de los niños para ver y ser vistos mientras caminan, y los límites de velocidad, que suelen ser de 40 km/h en las zonas urbanas y de 30 km/h en las calles laterales.

La mayoría de las calles urbanas son tan estrechas que los conductores reducen la velocidad de forma natural. Y con la densidad de las ciudades, muchas personas de todas las edades optan por caminar, y los conductores están acostumbrados a encontrarse con ellas, gracias a la guerra del tráfico.

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