Convertir los residuos tecnológicos en arte: la obra del artista bahiense, Jorge Mux

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Sería posible entrevistar a Jorge Mux por temas inherentes a cualquiera de sus profesiones: doctor en filosofía, especializado en filosofía de la mente; escritor, profesor de las asignaturas “Problemas de la Filosofía”, “Filosofía del Lenguaje” y del seminario “Filosofía de la mente” en la UNS, inventor de palabras y de juegos; una suerte de Xul Solar contemporáneo si tal comparación fuera posible.

Pero en esta ocasión, resultaba más interesante explorar una de sus facetas más extrovertidas: la creación de obras de arte automatizadas y lumínicas, diseñadas con materiales que en gran medida provienen de desechos tecnológicos y que se combinan con la programación para dar vida a esculturas y máquinas móviles, tan simpáticas como aterradoras.

Entrevista con Jorge Mux, un creador de mundos imaginarios a partir de residuos tecnológicos

-¿Cómo surgió esta actividad? ¿Cuáles fueron sus motivaciones iniciales?

-Hace unos ocho años, en el 2015. Mi hija tenía muñecas que, cuando se rompían, dejaban al descubierto un entramado de motores, luces y una particular sensación de horror. Mezclé esos mecanismos con unas luces audiorrítmicas que tenía y los muñecos rotos se movían cuando les hablaba. Paralelamente, me iba encontrando objetos mecánicos y electrónicos rotos o desechados cuyas partes servían para crear una estructura monstruosa que se moviera. Desde ese entonces, cada vez que mi hija recibe una muñeca me dice “esta no me la robes”, porque sabe que la puedo convertir en un autómata monstruoso.

-¿Qué gratificación particular encuentra en la creación de “máquinas monstruosas”, que difiere o supera al disfrute que le proporcionan sus otros trabajos artísticos o académicos?

-Trabajar con las manos me parece más gratificante, a esta altura de mi vida, que solo con la cabeza. Crear objetos concretos, nuevos, combinando piezas antiguas y descartadas, me resulta más satisfactorio que combinar palabras.

-En sus obras son frecuentes las figuras terroríficas y macabras, muchas veces condimentadas con situaciones hilarantes o con sucesos repentinos e inesperados. ¿Qué potencial expresivo le interesa explotar en el género de terror?

-Un muñeco que se mueve cuando uno se acerca es de por sí terrorífico. Creo que el asombro y un poco de miedo tienen que ir de la mano. Existe una teoría, la del Valle inquietante, que explica que cuanto más se parece a nosotros un muñeco o una inteligencia artificial, más nos asusta. Me gusta explotar esa idea y combinarla con otras. Por ejemplo, la belleza y el miedo, juntas, dan un resultado delicioso.

Basura, divino tesoro

-¿De dónde proviene la materia prima de sus producciones?

-La mayor parte proviene de objetos obsoletos o rotos que la gente descarta. Computadoras, relojes, radiograbadores, televisores, cámaras digitales, juguetes a pilas. A veces encuentro esos objetos por la calle. Otras veces busco en lugares donde se suelen tirar (casas de computación o en el departamento de ingeniería de la universidad) y otras veces en los basurales.

-¿Qué dice de las personas –como especie y como sociedad– la basura que generan?

-Un mismo objeto puede pasar de ser un artefacto con valor de mercado a convertirse en basura, sin que haya mediado ninguna operación en el medio. Una botella vacía, por ejemplo. Si necesitás una botella, la comprás en un lugar donde venden envases. Te podés encontrar esa misma botella en un basural, y ahí es basura. Lo que es “basura” es una cuestión puramente conceptual, social, de clase y de intereses. Hasta hace un tiempo te encontrabas muchas maquinitas registradoras obsoletas en la calle. La gente las descartaba. Hoy valen una fortuna. No estoy seguro, pero sospecho que nuestros conceptos de “basura” han sido manipulados desde hace bastante tiempo. Hace treinta años no se nos ocurría que el vino y las gaseosas pudieran ser descartables. Hoy, apenas terminamos el envase de gaseosa, lo consideramos basura. Quizás hoy pasamos más rápido y casi sin reflexión del “todavía sirve” al “ya es basura”.

-¿Qué experiencias y/o reflexiones surgieron a partir de su contacto frecuente con los basurales?

-Los basurales son espacios de encuentro de todo lo que hay en la cultura. Si queremos conocer una cultura, vayamos no a sus museos sino a sus basurales. De hecho, si vinieran extraterrestres y quisieran conocernos, yo los llevaría a los basurales. Un basural es, por definición, un espacio de caos. Si ves un objeto “A”, no podés predecir qué será lo próximo que vas a ver. Puede haber una cabeza de chancho, un repasador, un reloj, una caja. Está toda la cultura humana desordenada y genera sorpresas.

Microtrónicos, pequeños escenarios de la invasión que vendrá

-Cada muestra artística ha tenido nombres muy sugerentes y un correlato argumental que sostuvo esas puestas en escena. ¿Cuál es la historia detrás de su última exposición?

-Existe un juego llamado “Command and Conquer”, la saga del Tiberio, en el cual, en un futuro distópico y posapoaclíptico un mineral extraterrestre (el tiberio) se convierte en el centro de disputa de una guerra mundial. En algún momento, las facciones además de pelearse entre ellas, tienen que enfrentar a un enemigo extraterrestre. Mi idea, con humor, era tomar esa historia e imaginar los robots, vehículos y otras creaciones.

Microtrónicos

Pequeños escenarios de la invasión que vendrá.

En 2205, una humanidad en extinción se trenzará en una guerra de bandos por el control de un novedoso mineral radiactivo de procedencia extraterrestre: el tiberio.

Los restos de una tecnología destruida servirán para la creación de vehículos, tanques y aparatos monstruosos de dudosa confiabilidad, de tambaleante capacidad operativa y de consecuencias catastróficas: una carrera armamentística llevada a cabo por mentes febriles con los remanentes de máquinas que funcionan mal, extraídas del corazón grasiento de otras máquinas, reensambladas, recableadas, refuncionalizadas, escasamente operativas, mortecinamente luminosas. Los humanos, ocupados en sus escaramuzas perpetuas, no se darán cuenta de que se han sumado otros participantes en la batalla: robots autónomos, extraterrestres y nuevas criaturas híbridas diseñadas por un vórtice enloquecido de creatividad humana, inteligencia artificial y mente alienígena.

El futuro cercano, la singularidad y los robots fuera de control

-¿Se anima a hacer un poco de futurología? Considerando la trascendencia que actualmente ha logrado la Inteligencia Artificial y los últimos avances en materia de Robótica: ¿cuánto tiempo supone que falta para que los autómatas convivan con los humanos y compartan espacios y facultades que hoy se consideran exclusivas de la especie?

-Nos queda muy poco tiempo. Yo me atrevo a predecir que antes de 2030 casi todas las actividades humanas que nos permiten ganarnos la vida desaparecerán. Incluso la docencia, la medicina y la psicoterapia. Según Ray Kurzweil, un filósofo de la inteligencia artificial, nos vamos acercando a lo que él denomina “la singularidad”: los paradigmas y las revoluciones tecnológicas cambiarán tan rápido que no tendremos casi percepción de ello. Esa aceleración comenzará a notarse, según predice, alrededor del año 2035. Es decir, además de desempleados e inútiles, los humanos veremos cómo las cosas cambian de forma acelerada, todo el tiempo, sin que sepamos exactamente qué está pasando.

-¿Qué escenarios o situaciones vislumbra?

-Imagino que grandes grupos de poder tendrán el control de las formas de inteligencia artificial y, si no se regula, aumentará de manera imparable e irreversible el desempleo y la falta de objetivos en la vida. No habrá ningún estímulo para, por ejemplo, hacer una carrera universitaria en ingeniería si en definitiva cualquier cosa que aprendamos a hacer puede ser realizada por un robot de manera más eficiente y rápida.

¿Qué planteos éticos considera que deberían primar al momento de involucrarse en estas líneas de trabajo, investigación y desarrollo?

-Sería importante tener en cuenta que la inteligencia artificial debería estar al servicio de las personas, y no de unos pocos. Deberíamos ir yendo hacia el salario básico universal y hacia un acceso abierto e irrestricto en el uso de las distintas nuevas herramientas que genere la inteligencia artificial. Aunque soy pesimista al respecto.

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