La ciudad de Rosario, en Santa Fe, está transformando el procesamiento de sus residuos orgánicos mediante la promoción del compostaje.
A través de un nuevo programa, denominado Comunidad Orgánica, se apuesta a convertir el compostaje de residuos en una práctica colectiva.
Esto resulta clave en una ciudad que genera 800 toneladas de basura por día, con un 60% de materiales biodegradables.
Esa fracción orgánica representa el 20% de los gases de efecto invernadero locales. Para reducir ese impacto, el municipio lanzó este programa de compostaje de residuos orgánicos.
La iniciativa capacita, acompaña y entrega composteras a hogares, instituciones y espacios colectivos de la ciudad.

El primer paso para imponer el compostaje en Rosario: informar
Uno de los principales desafíos del programa de compostaje de residuos orgánicos es cambiar percepciones negativas sobre el proceso.
«Hay muchos mitos alrededor del compost, que da olor«, señaló Andrea Paoloni, directora general de Acción Climática del municipio, en declaraciones a El Litoral.
Sin embargo, «si uno hace bien el compostaje de residuos, no tiene por qué dar mal olor, ni tener bichos, ni tener mosquitas», aclaró la funcionaria.
En este sentido, las capacitaciones del programa abordan aspectos técnicos clave para el buen funcionamiento del sistema:
- Equilibrio entre materiales húmedos y secos
- Técnicas de aireación y mantenimiento
- Adaptación a distintos tipos de vivienda, incluso espacios pequeños
Escuelas, hogares y consorcios, claves del proceso
Actualmente, 98 instituciones participan del programa: escuelas, bibliotecas, clubes, centros culturales, vecinales y centros de salud. La mitad son establecimientos educativos.
En las escuelas, la formación llega a todo el cuerpo docente y se entregan materiales pedagógicos para trabajar el tema en el aula.

Los hogares pueden sumarse escribiendo a [email protected]. Desde allí, el equipo municipal coordina capacitaciones y entrega composteras de 20 litros.
En los últimos tres años, unas 2.700 familias participaron de las instancias de formación, organizadas en dos encuentros: uno introductorio y otro orientado a la práctica.
El programa también avanzó en consorcios, aunque Paoloni reconoció que esta modalidad es más difícil por la diversidad de personas y prácticas culturales.
El proceso de compostaje de residuos en consorcios requiere la participación de todas las familias del edificio para garantizar su funcionamiento.
«El compostaje nos invita siempre a trabajar con otros. Es una actividad colectiva», afirmó Paoloni. Y agregó: «No es un hábito individual, sino un hábito colectivo que mejora nuestra calidad de vida como sociedad».
La funcionaria también destacó que la conciencia ambiental creció en los últimos años y que la crisis climática se presenta como una urgencia que convoca a la acción comunitaria.
El municipio rosarino busca que el compostaje de residuos orgánicos deje de ser una práctica aislada y se instale como un hábito urbano sostenido en el tiempo.
Fuente: El Litoral



