En el helado territorio de la Antártida, se erige el volcán más al sur del planeta: el Monte Erebus. Este gigante de la naturaleza libera diariamente cerca de 80 gramos de cristales de oro en forma de partículas diminutas, que los vientos polares dispersan hasta 1.000 kilómetros de distancia. Los científicos han precisado que estas partículas miden menos de 20 micrómetros.
Considerado un «laboratorio natural único», el Monte Erebus ofrece a los investigadores la oportunidad de estudiar el ascenso del magma desde la corteza terrestre hasta la superficie. Análisis geológicos han identificado que los gases emanados de este volcán contienen no solo oro, sino también trazas de plata y cobre.
El Monte Erebus y sus Cristales de Oro Voladores
Situado en la isla Ross, el Monte Erebus se alza a 3.794 metros sobre el nivel del mar. Es uno de los pocos volcanes en el mundo que mantiene un lago de lava permanente en su cráter. Esta particularidad le confiere un interés especial a los volcanólogos que estudian su actividad.
Los expertos señalan que el magma del Erebus es rico en elementos alcalinos, con una composición única que facilita la presencia de metales preciosos en los gases que se liberan durante sus frecuentes erupciones estrombolianas. Estas explosiones son erupciones moderadas de magma basáltico, ricas en gas, que expulsan piroclastos a cientos de metros en el aire, creando estelas luminosas.
Contactando el gélido aire antártico, los vapores emitidos por el Erebus se enfrían rápidamente, condensando los minerales en cristales sólidos. Estos diminutos cristales son luego dispersados por los fuertes vientos de la región, lo que explica el hallazgo de partículas de oro a grandes distancias del volcán.
Las investigaciones han registrado la presencia de estas partículas hasta casi mil kilómetros del punto de origen, confirmando la capacidad del Monte Erebus para liberar metales preciosos a largas distancias. A través de un estudio reciente, el uso de inteligencia artificial ha permitido descubrir cientos de terremotos ocultos bajo el hielo antártico, aumentando el interés científico en esta remota área.



