El problema de la basura espacial ¿tiene solución?

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Se estima que ya son unos 20 000 objetos, incluidos los satélites y los desechos espaciales, los que están abarrotados en la órbita terrestre baja. El pequeño tamaño de los restos y su alta velocidad los convierten en proyectiles muy peligrosos. Además, el lanzamiento de nuevos satélites aumenta el riesgo de colisión.

El problema de la contaminación se ha extendido más allá del planeta Tierra. El espacio exterior también se está acumulando basura espacial. Desde que los humanos lanzaran su primer artefacto al espacio en 1957, el Sputnik-1, miles de objetos, satélites, sondas… ocupan un lugar en el espacio. Cuando estos artefactos cumplen su ciclo y dejan de funcionar, permanecen en la órbita terrestre y desde aquella fecha, no dejan de acumularse.

También se conoce a esta basura como «chatarra espacial» y engloba cualquier objeto artificial sin utilidad que orbita la Tierra. Cuando se lanza algo al espacio, algunos restos de la nave no regresan a la atmósfera y se quedan orbitando a velocidades que superan los 27.000 km/h.

La variedad de desechos es enorme: se encuentran desde grandes restos de cohetes hasta pequeñas partículas de pintura. Un estudio reciente apunta que en el espacio exterior hay al menos 10 000 piezas del tamaño de 10 cm. Además, la Agencia Espacial Europea estima que un 52 % de los objetos que orbitan la Tierra son naves que se han quedado obsoletas, restos de cohetes y otros objetos desprendidos durante las misiones espaciales.

El pequeño tamaño de los restos y su alta velocidad los convierten en proyectiles muy peligrosos. Además, el lanzamiento de nuevos satélites aumenta el riesgo de colisión. En estos momentos hay millones de escombros orbitando a nuestro planeta, lo que representa una amenaza para nuestra «carretera» orbital, sin mencionar los peligros incontrolados que pueden causar daños potenciales a los muchos satélites activos que brindan beneficios diarios a la sociedad.

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¿Cuál es la forma más efectiva de resolver el problema de la basura espacial?

Según un nuevo estudio publicado por la Universidad de Colorado Boulder, no consiste en capturar escombros, sino en un acuerdo internacional para cobrar a los operadores «tarifas de uso orbital» por cada satélite puesto en órbita.

El economista Matthew Burgess, miembro de CIRES y coautor del nuevo artículo, añade: “Las tarifas de uso orbital también aumentarían el valor a largo plazo de la industria espacial”. Al reducir el riesgo de colisiones futuras de satélites y escombros, una tarifa anual que aumente a aproximadamente 235 000 dólares por satélite cuadruplicaría el valor de la industria satelital para 2040; concluyen Burgess y sus compañeros en el artículo, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS).

Un impuesto parece una acción bastante disuasoria. Pero, ¿qué hay de las soluciones tecnológicas? Entre ellas se incluyen la eliminación de desechos espaciales de la órbita con redes, arpones o incluso láser; y la «desorbitación» de un satélite al final de su vida útil.

Pero las soluciones de ingeniería tienen sus críticas. Según Akhil Rao, profesor asistente de economía en Middlebury College y uno de los autores del estudio, las soluciones tecnológicas no desincentivarían a las empresas, sino todo lo contrario: “Eliminar los desechos espaciales podría motivar a los operadores a lanzar más satélites, lo que aglomerará aún más la órbita terrestre baja, aumentará el riesgo de colisión y aumentará los costes”.

Los robots limpiarán la basura espacial

Pese a las críticas, una posible solución tecnológica que goza de mucha popularidad, y que se llevará a cabo por la ESA en el año 2025, es el lanzamiento de un robot que «limpie» la chatarra restante, procedente de satélites en desuso y demás artefactos inservibles de la órbita terrestre. El proyecto se denomina ClearSpace-1, de la mano de una startup suiza y costará 117 millones de euros.

Otro proyecto similar, esta vez procedente de una empresa de Tokio, se denomina Astroscale, que tiene por objeto la eliminación de escombros orbitales a través de la prestación de servicios de fin de vida útil y eliminación activa de escombros.

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