En Argentina se descartan millones de envases de agrotóxicos sin tratamiento

En la pampa húmeda argentina, la soja reina saludable gracias al buen clima, el suelo y al uso de pesticidas y fertilizantes, pero apenas 8% de los envases vacíos de agrotóxicos se recuperan y millones son descartados o reciclados de forma ilegal.

Una ley reglamentada en 2018 ordena a las empresas agroquímicas a organizar, operar, mantener y financiar un sistema de gestión integral de los envases que vuelcan al mercado.

Sin embargo, de 13 millones vendidos en 2019 en la provincia de Buenos Aires, apenas se recuperó un millón.

Se estima que los 12 millones restantes terminaron en el mercado negro, enterrados, arrojados o incinerados.

El Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) multó a finales de abril con el equivalente a unos 8 millones de dólares a un centenar de agroquímicas, entre ellas las multinacionales Bayer-Monsanto, Dupont y Syngenta.

La gestión integral de envases está en pañales en este país con casi 40 millones de hectáreas sembradas y desde hace años en los primeros lugares en producción y venta de granos y oleaginosas, especialmente soja.

El modelo de responsabilidad compartida entre agricultores, fabricantes, distribuidores y el Estado se inspira en el que rige en Brasil desde 2002. Allí la recuperación anual supera el 94%, según datos del instituto brasileño de Procesamiento de Envases Vacíos (INPEV).

Según la ley, los agricultores deben realizar un triple lavado y perforado de los envases para luego dejarlos en un centro de acopio.

Estos centros los gestiona la organización Campo Limpio, que agrupa a un centenar de agroquímicas responsables del 90% de los envases que llegan al mercado.

«Brasil es referencia de recupero, pero le llevó 20 años», explicó Ignacio Stegmann, responsable de Campo Limpio. «Aquí recuperamos 236.000 kilos de plástico en 2019, 1,5 millones en 2020 y en 2021 vamos a superar 2,5 millones de kilos», afirmó. Pese a los logros de más de cien campañas itinerantes de recolección, aún es poco.

A inicios de mayo fiscalizadores hallaron unos 10.000 bidones vacíos de agrotóxico a cielo abierto en un campo de Lincoln, 400 km al oeste de la Ciudad de Buenos Aires.

«Se supone que iban a entrar al circuito de reciclado informal, por lo tanto ese plástico puede llegar a cualquier producto en contacto con alimentos, con el cuerpo humano, pueden ser juguetes, todos usos escandalosos» dijo Juan Brardinelli, titular de la OPDS.

El único registro para el control son las declaraciones juradas anuales de las agroquímicas.

«Como en Argentina no existe trazabilidad de envases hay gente que pasa por los campos comprándolos. Necesitamos un cambio de comportamiento», admite Stegmann que apuesta a la capacitación de los productores «para generar conciencia».

Estos envases han contenido plaguicidas, fertilizantes u otros químicos, algunos con componentes cuyo efecto cancerígeno está bajo la lupa, como el glifosato.

Sin embargo en este país con 42% de sus 45 millones de habitantes en la pobreza, es habitual que se utilicen para acopiar agua para beber o cocinar en comunidades sin acceso al agua potable.

«Ese plástico sigue siendo tóxico, no podemos garantizar que no tenga restos de agroquímicos», apunta Brardinelli. «Por eso es tan importante que se reciclen por canales formales y sea definido el objeto que se va a construir con ese material», explicó.

Distintos proyectos están en marcha para promover la reutilización sustentable de los envases de agrotóxicos para fabricar desde cartelería vial hasta caños cloacales o durmientes.

En Mendoza, tierra del afamado vino Malbec, desde 2018 se busca por ejemplo reemplazar con madera plástica los casi 5 millones de postes que se utilizan cada año en los viñedos, lo que ahorraría la tala de 1,5 millón de árboles.

Cada poste de 2 metros de alto contiene unos 10 kilos de basura plástica y puede usarse también para alambrado perimetral.

Además de aportar a la economía circular, se trata de postes de bajo costo, fabricados sin uso de agua, reutilizables, resistentes al clima, la humedad, los insectos… y a los agrotóxicos.

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