Un emprendedor argentino produce anteojos a partir de desechos plásticos

“El Río de la Plata es sinónimo de basura. Navego desde siempre y al ver ese paisaje una y otra vez, pensé qué se podía hacer con todo el plástico”, confiesa Malcolm Rendle (30). Su primer contacto con la sustentabilidad fue en Barcelona, donde vivió un tiempo e incorporó hábitos de reciclaje. Cuando volvió al país, se puso a estudiar sobre el tema y en 2017 creó BOND, un emprendimiento de anteojos de material 100% reciclado.

“Con la premisa de abrir los ojos, pensamos en crear anteojos. Nuestros clientes eligen nuestros productos no por lo que son, sino por lo que están hechos. Por la historia que hay detrás y que la persona puede formar parte del proceso productivo”, explica. Los anteojos se fabrican a partir de residuos plásticos que los mismos clientes acercan y, a su vez, los armazones pueden volver a reciclarse hasta diez veces. Hoy, venden a través de la web, en su local en San Isidro y en ópticas de todo el país. El año pasado, desembarcaron en Uruguay, México, Costa Rica y próximamente entrarán en el mercado europeo.

Foto gentileza de Malcolm Rendle

¿Cómo lo hizo?

El primer prototipo nació de residuos plásticos transformados en escamas y una impresora 3D casera. “Salió desastroso. Pero lo bueno era que podíamos volver a destruir la pieza y así no teníamos desperdicios. Hoy ni en la fabricación, ni en el post tenemos desperdicios. Ese concepto de economía circular y de crear valor a partir de un residuo es el corazón del negocio”, asegura Malcolm.

Al principio no estaba conforme con el producto, pero sus amigos le aconsejaron que los testeara en el público. “Arranqué con un pop up en Nordelta. Firmé un contrato chico para ver cómo me iba. El stock que tenía previsto para seis meses se vendió en menos de 45 días. Frené, armé otro stock y se volvió a agotar”, cuenta.

Al ver la alta demanda, decidió agregar tecnología y hacer el proceso escalable. Migró de la impresión 3D a la inyección de plástico, que le dio la posibilidad de reciclar más y generar mayor volumen con rapidez.

Dos años después, la pandemia y la venta online le dio la oportunidad de expandir el negocio. Pasó a vender en Latinoamérica y está en tratativas para abrir una planta en Alemania. Por otro lado, diversificó la producción con placas de terrazo de plástico. “El resultado es una placa increíble que la usamos para revestimientos de pisos, paredes, mesadas”, señala.

Economía circular

Bajo la premisa de que nada se pierde y todo se transforma, hace dos años creó la campaña “Pagá con plástico”, con la que se incentivan las prácticas de reciclaje. Los clientes tienen un 2% de descuento por cada kilo de plástico que llevan.

“La gente empieza a tomar conciencia de la cantidad de plástico que utiliza. Para la fabricación de las gafas usamos botellas de gaseosa. El excedente lo cedemos a industrias, para reutilizar. Además, si comprás las gafas hoy y mañana te aburriste, las filtramos juntos, te llevás nuevas con descuento y ese material lo volvemos a utilizar. De esta manera, no tenemos desperdicios”, señala.

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