Chubut: Esquel, una maravilla en la Patagonia

Un variopinto catálogo de colores parece abrazar a Esquel, en la provincia de Chubut, cuando la nieve se repliega hacia las cimas cordilleranas.

 
Es que el valle con sus bellos panoramas queda al descubierto, especialmente en primavera, y eso explica por qué se multiplican año a año los viajeros que eligen la ciudad para disfrutar de sus vacaciones.
 
En todas los rubros turísticos fundamentales, el destino obtiene las mejores calificaciones: diversión, paisajes, historia, gastronomía y deportes al aire libre, además de brindar la posibilidad de detenerse en cualquier rincón y contemplar la naturaleza patagónica. 
 
Todos los medios de transporte facilitan esas alternativas: 4×4, lanchas, gomones, trenes, bicicletas y caballos invitan a descubrir los atractivos hacia todos los puntos cardinales.
 
Una vez en Esquel y después de instalarse en un alojamiento es importante destinar algunas horas a recorrer el casco urbano, con construcciones agradables y variados paseos, preámbulo de los ríos cristalinos, los árboles centenarios y los imponentes cordones montañosos que serán compañía imprescindible en cada paseo. 
 
Dentro del Parque Nacional Los Alerces, a menos de una hora de viaje, las copas de los árboles se visten con luminosos verdes y la fauna se libera de sus refugios invernales. 
 
Los visitantes no dejan de sorprenderse ante la diversidad biológica que está al alcance de la mano a través de los senderos autoguiados. 
 
La excursión lacustre al Alerzal Milenario es uno de los paseos más tradicionales dentro del parque. Allí viven los seres vivos más antiguos del planeta: el “Abuelo” tiene más de 2.700 años y 57 metros de altura. 
 
Otras opciones muy divertidas para la familia las flotadas en el río Rivadavia y el rafting en el río Corcovado, en un entorno rico en cipreses, maitenes y coihues. 
 
Los amantes del deporte y la adrenalina no pueden perderse el circuito Tres lagos cuatro ríos. 
 
De dificultad media, combina la flotación en balsa, el trekking y la navegación dentro del Parque Nacional, y una visita a los primeros asentamientos de inmigrantes en la zona. 
 
Desde la costa de Puerto Chucao la balsa avanza a través de la naciente del río Menéndez. Luego se camina, a través de un denso bosque virgen, hasta cruzar el puente natural sobre el arroyo Techado Blanco, escoltados por gigantes coihues. 
 
Estos abren paso a la tierra de antiguos pobladores, José Mermoud y Josefina Felley. Allí se podrán apreciar los caminos trazados por antiguas carretas, los viejos corrales para alimentar el ganado y la siembra.
 
Un confortable bote será el siguiente medio para avanzar desde el lago Futalaufquen y ascender por el río Arrayanes, donde confluyen las aguas de los lagos Verde y Menéndez. Puerto Mermoud, en el lago Verde, es el punto de llegada. 
 
La excursión es de dificultad media-baja y dura entre cinco y seis horas, de las cuales 30 minutos son de recorrido en balsa, una hora en lancha y seis kilómetros de recorrido a pie con un desnivel de 35 metros.
 
Si el viaje se programa para los meses de verano, hay una excursión imperdible por lo original: se trata de un paseo entre imponentes túneles de hielo. Luego de un tramo de 50 kilómetros en 4×4 por las laderas del cerro La Torta se realiza un trekking de media hora hasta los pies de una cascada en cuya base se acumula nieve todo el año. ¿Por qué? Debido a que se encuentra al reparo del sol, la nieve se descongela de adentro hacia afuera y permite la formación de túneles sorprendentes. 
 
Otra alternativa a pura adrenalina es la excursión al lago Baggilt, declarado Reserva Natural, donde un glaciar de hielos eternos espera a los visitantes que buscan rincones escondidos. 
 
Para los deportistas avezados en alturas, también existe la posibilidad de realizar escaladas en roca y rappel en paredes naturales.
 
Y especialmente para las familias es recomendable la visita al Centro de Montaña Pueblo Alto, donde se ofrecen opciones de trekking, mountain bike, canopy y juegos de aventura, con diferentes grados de dificultad y con la compañía de guías especializados.
 
Esquel cuenta con restaurantes y confiterías para todos los gustos, pero si de sabores gourmet se trata, merece una visita el restaurante La Bodeguita, de la hostería Cumbres Blancas. El menú cambia cada temporada en base a productos regionales como corderos, hongos de pino, fiambres, quesos de la zona y frutas finas frescas. 
 
También se renueva Las Bayas Restaurante, pero sin perder su impronta al rescatar los sabores regionales con ingredientes como trucha, cordero y ceviche. 
 
Por la tarde, la mejor recompensa será disfrutar de un té galés, que es mucho más que una humeante infusión. “Nain Maggie” y “La Mutisia” en Trevelin son dos clásicos establecimientos donde se elaboran de forma artesanal las tartas de crema, los infaltables scones y el pan casero acompañado de manteca y dulces con frutas locales.
 
Esquel, sinónimo de orillas cristalinas, árboles milenarios, diversión al aire libre y culturas arraigadas, compone la mejor opción turística para disfrutar de un viaje con sello patagónico.
 
Al dejar atrás la estación, el Viejo Expreso Patagónico cruza el arroyo Esquel y luego vira para acompañar al cordón Esquel y a la ruta 259, con paisajes panorámicos del valle que descansa a los pies del macizo de Nahuel Pan. 
 
El recorrido continúa hasta cruzar la ruta 259 y luego la ruta nacional 40, atravesando la estepa y divisando flamencos, patos y cauquenes. Casi sin darnos cuenta, entre las tartas caseras y el chocolate caliente del Vagón Bar, el tren arriba a la estación Nahuel Pan. Mientras la máquina realiza sus maniobras para emprender el regreso, es el momento de recorrer la casa de las artesanas y visitar el Museo de Culturas Originarias Patagónicas. Una vez de regreso en Esquel, las anécdotas de antiguos pobladores y canciones de tierra adentro serán parte del recuerdo de las dos horas y media disfrutadas sobre La Trochita, una oportunidad única de viajar con épica legendaria sobre rieles.
 
Pocos saben que en Chubut residen unos 20 mil descendientes de los primeros galeses que se aventuraron en el siglo 19 en la estepa patagónica. Perdura su presencia en las capillas galesas, que dan permanente testimonio de la fe de aquellas primeras comunidades de colonos. Se destacan por su sencillez, con fachadas de ladrillo a la vista y techos de chapa a dos aguas, como la capilla Seion, donde actualmente además del culto dominical se organizan reuniones de canto religioso comunitario, conciertos y presentaciones de libros. 
 
A 24 kilómetros de recorrido por la ruta nacional 259 se arriba a Trevelin, un pequeño poblado que también se distingue por mantener viva la historia, la arquitectura y la cultura galesas. Vale la pena visitar la capilla Bethel, el Museo del Plebiscito y el antiguo edificio del Molino Andes, donde se exhiben objetos, fotografías, vestimentas y herramientas donadas por los descendientes directos.
 
Siguiendo por la ruta 259 vale la pena visitar el Área Natural Protegida Cascada Nant y Fall, acompañando el vertiginoso recorrido de los saltos de agua por un sendero de baja dificultad. 
La Voz del Interior

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