Un operativo conjunto en Villa Pehuenia, Neuquén, detectó la circulación irregular de motos de nieve en áreas naturales protegidas. La intervención se realizó este jueves y reunió a la Policía, la Brigada Rural de Aluminé, guardafaunas y personal de Áreas Naturales Protegidas. El objetivo fue supervisar el respeto a las normativas ambientales en sectores turísticos sensibles.
El despliegue se concentró en la zona del Arco y sobre la Ruta Provincial N°12. Allí, los agentes encontraron siete motos de nieve estacionadas y una carpa tipo domo en construcción, todo dentro de un sector no habilitado para actividades motorizadas.
La intervención dejó en evidencia la infracción a la Ley Provincial 2539, que establece las reglas de uso y conservación en las Áreas Naturales Protegidas de Neuquén. Además del daño ambiental, se constató la promoción indebida de actividades prohibidas a través de medios digitales.
Las autoridades notificaron al representante de la empresa turística responsable y labraron el acta correspondiente. También se ordenó el retiro inmediato de las motos de nieve y la desinstalación de la estructura armada en el lugar.

La amenaza ambiental de las actividades fuera de norma
El operativo fue parte de las acciones de control destinadas a proteger el delicado equilibrio ecológico de Villa Pehuenia y sus alrededores. Estas áreas, reconocidas por su valor natural, requieren un uso responsable y respetuoso por parte de visitantes y prestadores turísticos.
Las actividades motorizadas no autorizadas generan serios impactos sobre la fauna, especialmente en épocas de frío extremo, cuando los animales reducen su actividad para conservar energía. La circulación de motos altera estos comportamientos y contribuye al estrés y desplazamiento de las especies.
También se afecta la vegetación sensible y los suelos. La compactación causada por el paso de vehículos puede dañar el crecimiento de plantas nativas y alterar los ciclos naturales del ecosistema. Por ello, la normativa provincial prohíbe expresamente este tipo de prácticas fuera de las zonas habilitadas.
El llamado de las autoridades es claro: preservar la naturaleza implica cumplir las normas, respetar la biodiversidad y promover un turismo responsable que no ponga en riesgo los recursos naturales de la región.
El impacto ambiental de las motos de nieve
Las motos de nieve, aunque útiles en ciertas tareas de emergencia, representan una seria amenaza cuando se usan sin control en ambientes naturales. Su tránsito en áreas sensibles provoca erosión, contaminación sonora y alteración del hábitat.
El ruido de los motores interfiere en las rutinas de fauna silvestre, alterando sus ciclos de alimentación, reproducción o descanso. Este estrés constante puede disminuir las poblaciones locales o forzar el desplazamiento de las especies hacia zonas menos favorables.
Además, el peso y la tracción de estos vehículos dañan la capa superficial del suelo y la vegetación. Aun bajo nieve, la presión que ejercen compacta el terreno, lo que impide la filtración natural del agua y afecta la regeneración de las plantas autóctonas.
La emisión de gases contaminantes es otro problema. A pesar de operar en la nieve, las motos utilizan combustibles fósiles y generan dióxido de carbono y otros residuos que afectan la calidad del aire y contribuyen al cambio climático.

Zonas protegidas: guardianas del equilibrio natural
Las Áreas Naturales Protegidas son espacios fundamentales para la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de los ecosistemas. Su función principal es resguardar especies, hábitats y procesos ecológicos esenciales para la salud ambiental.
Estos territorios permiten la investigación científica, la educación ambiental y el desarrollo de un turismo sostenible. Al mismo tiempo, sirven como refugio para especies amenazadas y garantizan la preservación de paisajes únicos.
Respetar las normas que las regulan es vital para asegurar su integridad a largo plazo. Las infracciones, incluso cuando parecen menores, generan un efecto acumulativo que pone en riesgo el equilibrio natural y compromete el futuro de las generaciones venideras.
El cuidado de las áreas protegidas depende tanto del control oficial como del compromiso individual y colectivo. Actuar con responsabilidad es la clave para disfrutar de la naturaleza sin dañarla.



