El plástico, versátil y omnipresente, se convirtió en uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. Desde 1950, su producción se multiplicó por 200, y si no se actúa, los residuos podrían triplicarse en las próximas dos décadas, según el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA).
La contaminación plástica ya no es invisible: se extiende por ríos, suelos y océanos, donde llega a formar islas flotantes. Su persistencia provoca la muerte de miles de especies marinas cada año, mientras los microplásticos, presentes en todos los ecosistemas, generan preocupación por sus efectos en la salud de los seres vivos.
En 2022, la Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente acordó trabajar en un tratado global para frenar esta crisis. El objetivo era reducir los desechos y los químicos peligrosos de algunos plásticos, pero tras tres años de negociaciones no se logró un consenso.
Por eso, 170 países vuelven a reunirse en Ginebra para un sexto intento. La cita está marcada por la presión de la industria petrolera, que busca frenar cualquier compromiso firme. El reto: alcanzar un acuerdo jurídicamente vinculante que limite la producción y uso de plásticos.

Un bloqueo que recuerda al cambio climático
Las dificultades para lograr un consenso global recuerdan a las que enfrentó el Acuerdo Marco contra el Cambio Climático. Un reducido grupo de países, alineados con los intereses petroleros, frenó avances significativos. La industria del plástico, derivado directo del petróleo, cuenta con más de 200 lobistas en Ginebra, decididos a diluir el alcance del tratado.
Mientras algunos países impulsan medidas ambiciosas, otros prefieren evitar cambios profundos. La influencia empresarial se traduce en riesgos de acuerdos débiles, más cercanos al “lavado verde” que a soluciones efectivas. Esta dinámica amenaza con perpetuar la crisis, en lugar de resolverla.
Las reuniones en Ginebra se extenderán hasta el 14 de agosto. Sin embargo, el contexto político internacional, atravesado por discursos negacionistas y por la presión corporativa, hace que las organizaciones ecologistas mantengan un pronóstico reservado sobre los resultados.

Las consecuencias de la contaminación plástica
La persistencia del plástico en el medio ambiente genera impactos a múltiples escalas. En el mar, redes, bolsas y envases ahogan, hieren o matan a tortugas, aves y mamíferos marinos. Muchas especies confunden los fragmentos con alimento, provocando bloqueos intestinales y muerte por inanición.
En tierra, los plásticos afectan la calidad de los suelos, dificultando la filtración de agua y alterando los ciclos de nutrientes. La quema informal de residuos plásticos libera compuestos tóxicos que dañan la salud humana y contribuyen a la contaminación atmosférica.
Los microplásticos, resultado de la degradación de piezas más grandes, se detectó en el aire, el agua potable y hasta en la sangre humana. Su acumulación puede generar daños celulares y alterar sistemas hormonales, lo que preocupa a la comunidad científica por sus posibles efectos a largo plazo.



