El volcán Kilauea, ubicado en la Isla Grande de Hawái, reactivó su actividad eruptiva con una espectacular emisión de lava que alcanzó los 30 metros de altura.
El fenómeno se produjo en el cráter Halemaʻumaʻu, donde un respiradero norte comenzó a expulsar roca fundida de forma continua, generando un arco incandescente visible desde varios puntos del parque.
Este nuevo episodio corresponde al número 31 desde diciembre, lo que confirma la alta frecuencia de actividad en uno de los sistemas volcánicos más dinámicos del planeta.
Magma en movimiento: cómo se origina la erupción
Según el Observatorio de Volcanes de Hawái, el cráter Halemaʻumaʻu recibe magma desde el interior terrestre a una tasa de aproximadamente 4 m³ por segundo. Este flujo constante infla la cámara inferior, obligando al magma a ascender por grietas hasta alcanzar la superficie.
El conducto utilizado se mantiene activo desde diciembre, por lo que todos los episodios se consideran parte de una misma erupción prolongada. Las fuentes de lava, que en ocasiones superan los 300 metros, se generan cuando el magma presurizado —aún cargado de gases volcánicos— atraviesa respiraderos angostos, provocando una liberación explosiva similar al descorche de una botella de champán.
Un espectáculo natural sin riesgo para la población
A pesar de su intensidad, la erupción se mantiene confinada dentro del cráter, sin representar amenaza directa para viviendas o comunidades cercanas. Visitantes y residentes pueden observar el evento desde zonas seguras del parque, mientras miles más lo siguen en tiempo real gracias a las cámaras del Servicio Geológico de EE. UU.
La voluntaria del Servicio de Parques, Janice Wei, en dialogo con el portal CNN describe la experiencia como “estar en primera fila del espectáculo más extraordinario de la naturaleza”. El sonido de la lava recuerda al rugido de un motor a reacción y el calor puede sentirse a más de 1,5 kilómetros.

Historia eruptiva del volcán Kilauea: patrones y precedentes
Este tipo de erupciones repetidas ha ocurrido solo tres veces en los últimos 200 años: en 1959, 1969 y durante la prolongada actividad iniciada en 1983, que incluyó 44 episodios distribuidos en tres años.
Aquella erupción derivó en la apertura de un respiradero a menor altitud, desde donde la lava fluyó de manera continua durante más de tres décadas, hasta su finalización en 2018.
Los científicos no descartan que el patrón actual pueda evolucionar de forma similar, aunque también existe la posibilidad de que la actividad se detenga si se reduce el suministro de magma.
Tecnología y monitoreo: cómo se anticipan las erupciones
Gracias a una red de sensores sísmicos y geodésicos, los especialistas pueden anticipar con varios días de margen cuándo es probable que emerja lava. Estos instrumentos detectan cambios milimétricos en el ángulo del terreno y movimientos internos que indican el comportamiento del magma.
“Es como si fuéramos hormigas tratando de entender cómo se mueve un elefante”, ilustró Ken Hon, director del observatorio.
¿Qué esperar en los próximos días?
Según Steve Lundblad, geólogo de la Universidad de Hawái en Hilo, las fuentes de lava han disminuido en altura, posiblemente porque el respiradero se ha ensanchado, reduciendo la presión interna. Aun así, se espera que continúen las erupciones, aunque con características más amplias y menos verticales.
“Seguiremos viendo espectáculos volcánicos impresionantes”, aseguró Lundblad. “Solo que serán más anchos y no tan altos”.



