Durante décadas, la estación seca de la Amazonía ha sido cada vez más árida a causa de la deforestación.
Un nuevo estudio publicado en Nature Communications confirma que el 74,5 % de la disminución de las precipitaciones en la región está directamente vinculada a la deforestación, y que esta pérdida de cobertura vegetal también ha contribuido al aumento de las temperaturas extremas.
Bosques como bombas de agua: el rol de la transpiración en el ciclo hídrico amazónico
La eliminación de árboles reduce la humedad atmosférica y altera los patrones climáticos regionales.
Los árboles amazónicos extraen agua del suelo y la liberan a la atmósfera mediante transpiración, un proceso que aporta más del 40 % de las lluvias en la cuenca.
“Cada árbol funciona como una bomba de agua”, explicó Callum Smith, investigador de la Universidad de Leeds. Al talarlos, se interrumpe el ciclo de humedad, lo que reduce las precipitaciones y acentúa el calor local.
Calor extremo y retroalimentación climática
Desde 1985, los días más calurosos en la Amazonía aumentaron 2 °C, y el 16 % de ese incremento se atribuye a la deforestación.
El estudio, liderado por Marco Franco y Luiz Machado de la Universidad de San Pablo, analizó 29 zonas de la cuenca amazónica entre 1985 y 2020.
Utilizando datos satelitales, lograron distinguir el impacto de la deforestación frente a otros factores como el cambio climático global. El resultado: las zonas más deforestadas sufren mayores pérdidas de lluvias y más calor extremo.

Incendios, sequías y pérdida de resiliencia ecológica
La selva seca es más vulnerable al fuego, lo que acelera la degradación y perpetúa el ciclo de retroalimentación.
La disminución de lluvias no solo afecta a la biodiversidad, sino que favorece los incendios forestales, especialmente en zonas sometidas a prácticas de roza y quema para agricultura y ganadería.
En 2024, más de 16 millones de hectáreas se incendiaron, y en el primer semestre de 2025, la deforestación aumentó un 27 % respecto al mismo período del año anterior.
Impacto agrícola: la sequía ya afecta a los cultivos en regiones adyacentes
Estados como Mato Grosso enfrentan pérdidas por falta de lluvias, con hasta 150 días consecutivos sin precipitaciones.
La salud de la Amazonía no solo es vital para los ecosistemas silvestres: también sostiene la pluviosidad necesaria para la producción agrícola en regiones cercanas.
“Los agricultores ya están perdiendo cosechas por la sequía”, advirtió Franco. La degradación del bioma amenaza la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de amplias zonas del país.
Ciencia y política: entender para actuar
El estudio marca un avance en la cuantificación del impacto de la deforestación sobre el clima amazónico.
Hasta ahora, se sabía que la deforestación afectaba el clima, pero no se había medido con precisión cuánto.
Este trabajo representa un paso clave para orientar políticas públicas, reforzar la protección de los bosques tropicales y adaptar la agricultura a escenarios más secos.



