El gobierno de Nueva Escocia, Canadá, aprobó un contrato de arrendamiento de 20 años para construir el primer santuario costero de ballenas del país. Este espacio, cien veces más grande que los tanques de Marineland of Canada, será un refugio donde las belugas podrán nadar libremente en aguas oceánicas seguras.
El proyecto, liderado por Whale Sanctuary Project, busca transformar una ensenada natural en un hogar permanente para cetáceos rescatados. Aunque aún no se confirmó qué especies serán trasladadas, ofrece una esperanza concreta para las 30 belugas que permanecen en Marineland tras años de confinamiento.
En su hábitat natural, las belugas viven hasta 60 años, recorren miles de kilómetros y mantienen complejas redes sociales. En cautiverio, estas conductas desaparecen. Por eso, los santuarios representan una transición ética hacia una convivencia más compasiva con los animales marinos.
El anuncio llega tras la decisión del Departamento de Pesca y Océanos de Canadá de bloquear el traslado de las belugas de Marineland a un parque marino en China. La medida cumple la ley que prohíbe el cautiverio de cetáceos con fines recreativos y evita que sigan siendo explotadas en espectáculos.

Marineland of Canada: un parque en decadencia
En los últimos años, Marineland se convirtió en símbolo de crueldad animal. Desde 2019 murieron al menos 19 belugas, además de delfines, focas y una orca. Las causas van desde agresiones internas hasta fallas en la calidad del agua, según informes oficiales.
En 2023, murieron Sonar, un delfín nariz de botella, y Kodiak, una beluga capturada en Rusia. Ambos habían pasado más de dos décadas en tanques diminutos. Poco antes, la orca Kiska, última en cautiverio en Canadá, falleció por una infección bacteriana.
A esto se suman dos muertes más en 2024 por torsión estomacal, una condición relacionada con el estrés. En total, 26 animales murieron en solo seis años, evidenciando las consecuencias de mantener mamíferos marinos en espacios artificiales y sin estímulos naturales.
El impacto del encierro
Las belugas y delfines son seres altamente sociales que dependen de la comunicación, el movimiento y la cooperación. En los parques marinos, su vida se reduce a nadar en círculos, sin desafíos ni vínculos reales. Esto genera estrés crónico, agresividad y enfermedades.
El confinamiento altera su comportamiento natural y afecta su salud física y emocional. En libertad, estos animales forman grupos familiares extensos y cuidan a sus crías colectivamente. En cautiverio, esa estructura se destruye.
Los santuarios costeros ofrecen una alternativa viable y ética: espacios amplios donde pueden recuperar parte de su autonomía, mantenerse bajo cuidado humano y vivir sin explotación. Representan una nueva forma de reparación ambiental y moral.

Un futuro libre de explotación
Desde 2019, Canadá prohíbe mantener cetáceos en cautiverio con fines de entretenimiento. Esta política busca evitar nuevos casos como Marineland y promover la rehabilitación de los animales restantes. En contraste, parques de EE. UU., como SeaWorld, aún mantienen delfines y orcas en espectáculos.
El santuario de Nueva Escocia simboliza un cambio global. No solo protege a las ballenas sobrevivientes, sino que también demuestra que es posible sustituir el entretenimiento animal por la conservación responsable y la educación ambiental.
A medida que crece la conciencia ecológica, los santuarios costeros podrían convertirse en refugios emblemáticos, donde las especies marinas recuperen parte de la libertad que les fue arrebatada.
Estado de conservación de las belugas y otros cetáceos
Las belugas (Delphinapterus leucas) están clasificadas como “casi amenazadas” por la UICN. Su población global ronda los 200.000 individuos, pero algunas subpoblaciones, como las del estuario del San Lorenzo, están en peligro crítico por contaminación y tráfico marítimo.
El cambio climático también afecta sus hábitats árticos, reduciendo el hielo marino que utilizan para desplazarse y comunicarse. Además, los derrames de petróleo y el ruido submarino interrumpen sus rutas migratorias y su capacidad de ecolocalización.
Otros cetáceos, como las orcas y los delfines mulares, también enfrentan riesgos similares. La contaminación química, los plásticos y el turismo agresivo agravan su situación. Los santuarios costeros, por tanto, no solo liberan animales del cautiverio, sino que también se proyectan como herramientas de conservación activa para las generaciones futuras.



