El cambio climático está dejando una huella profunda en la salud de los latinoamericanos. Las olas de calor, los incendios y las enfermedades transmitidas por vectores se intensifican cada año. En solo dos décadas, las muertes asociadas al calor aumentaron un 103%, según un reciente informe científico.
Durante 2024, la región experimentó un aumento promedio de temperatura de 1 °C respecto al inicio del siglo. En países como Bolivia, Venezuela y México, los incrementos fueron aún mayores. Niños y adultos mayores, los grupos más vulnerables, enfrentan una exposición mucho más alta a las olas de calor.
El impacto no es solo sanitario. Los desastres climáticos costaron a América Latina más de 19.000 millones de dólares en 2024. Las pérdidas laborales por calor ascendieron a 52.000 millones, mientras que las muertes por altas temperaturas implicaron una pérdida económica de 855 millones al año.
El calentamiento también amplía el territorio de enfermedades como el dengue. El mosquito Aedes aegypti encuentra ahora un 66% más de condiciones favorables que hace 70 años. En Bolivia, la idoneidad del clima para su supervivencia creció 135%, y en Argentina los brotes alcanzaron niveles históricos.

Calor, contaminación y salud: una amenaza creciente
El calor extremo no solo incomoda: puede ser mortal. Aumenta los casos de deshidratación, golpes de calor y fallas cardíacas o respiratorias. Las temperaturas elevadas alteran el funcionamiento del organismo y ponen en riesgo especialmente a adultos mayores y enfermos crónicos.
Los incendios forestales agravan el problema. Cada vez más frecuentes, liberan partículas tóxicas que dañan los pulmones y el corazón. Entre 2003 y 2024, los días con riesgo extremo de incendios crecieron un 26% en la región. En Chile, el aumento fue de más del 100%.
A la vez, se expanden infecciones causadas por bacterias como el vibrio no colérico, que provoca diarreas y lesiones cutáneas. Las zonas costeras con condiciones favorables para su transmisión aumentaron un 6,7% en comparación con los años noventa.

Adaptarse para sobrevivir
La adaptación avanza, pero con lentitud. Solo nueve de los 17 países de la región coordinan servicios meteorológicos con el sistema de salud. En las universidades, menos del 20% de los futuros profesionales de salud pública reciben formación sobre cambio climático.
El uso de energías limpias crece, pero sigue siendo insuficiente. Aunque la generación renovable aumentó un 9% en la última década, el 79% de los latinoamericanos todavía depende de combustibles fósiles para cocinar. Esto empeora la calidad del aire y contribuye al calentamiento global.
América Latina enfrenta una emergencia silenciosa. El aumento de temperatura ya amenaza vidas, economías y ecosistemas. La región necesita respuestas urgentes y coordinadas para frenar el avance de una crisis que, más que ambiental, es una crisis de salud humana.



