La interrupción casi total de la vida urbana durante los meses más estrictos de la pandemia de Covid-19 no solo modificó los hábitos humanos, sino que también dejó huellas en la fauna.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) reveló que las aves nacidas en ese periodo presentaron modificaciones físicas vinculadas a la ausencia de personas, vehículos y residuos alimentarios.
La investigación, liderada por científicas de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), analizó poblaciones de juncos de ojos oscuros (Junco hyemalis) en Norteamérica. Los resultados mostraron que las aves nacidas durante el confinamiento desarrollaron picos distintos a los de generaciones previas.
Tradicionalmente, los juncos urbanos presentan picos más cortos y robustos, adaptados para alimentarse de restos de comida humana. Sin embargo, al desaparecer esos desechos durante la llamada “antropausa”, las aves recurrieron a fuentes naturales de alimento, adquiriendo una morfología similar a poblaciones silvestres.
Con el regreso progresivo de la actividad humana, las generaciones posteriores volvieron a exhibir el denominado “pico urbano”, demostrando una alta capacidad de adaptación en un corto periodo de tiempo.
Sensibilidad adaptativa y nuevas preguntas
Las autoras del estudio subrayaron que estos hallazgos evidencian la sensibilidad de la fauna urbana frente a la presencia —o ausencia— humana. Aunque aún se investigan los mecanismos genéticos, la hipótesis principal apunta a la dieta como factor determinante en los cambios morfológicos.
El trabajo abre interrogantes sobre el impacto cotidiano de la actividad humana en los procesos evolutivos y refuerza la idea de que incluso acciones menores, como la generación de residuos alimentarios, pueden influir directamente en la biodiversidad urbana.

La “antropausa” y la movilidad de la fauna silvestre
Durante la pandemia, la reducción drástica de la actividad humana generó un fenómeno conocido como antropausa, que permitió observar cambios significativos en la movilidad de animales silvestres:
Cambios en desplazamiento y distribución
- Mayor alcance de movimiento: en regiones con confinamientos estrictos, los mamíferos terrestres se desplazaron en promedio un 73% más lejos que el año anterior.
- Aproximación a infraestructuras: los animales estuvieron un 36% más cerca de las carreteras debido a la reducción del tráfico y del ruido.
- Exploración urbana: especies que normalmente evitaban el contacto humano —como pumas en Santiago de Chile, jabalíes en Barcelona o pavos reales en Madrid— se adentraron en centros urbanos vacíos al percibir mayor seguridad.
Comportamiento y conectividad
- Incremento de actividad diurna: algunas especies aumentaron su actividad durante el día en áreas donde antes eran predominantemente nocturnas.
- Mejora temporal de la conectividad: animales grandes, como osos, cruzaron con mayor frecuencia barreras estructurales como carreteras y asentamientos humanos.
- Reducción de mortalidad por atropello: las colisiones entre fauna y vehículos disminuyeron hasta un 80% en algunas regiones durante los periodos de mayor restricción.
Variaciones según el entorno
No todos los animales respondieron igual. En zonas con confinamientos estrictos la movilidad aumentó, mientras que en áreas donde se promovió el uso de espacios naturales como alternativa al encierro —por ejemplo, parques nacionales en EE. UU.— los animales recorrieron distancias más cortas debido al incremento de visitantes.
La pandemia de Covid-19 dejó una huella inesperada en la fauna urbana y silvestre. Desde cambios morfológicos en aves hasta modificaciones en la movilidad de mamíferos, la antropausa demostró cómo la actividad humana influye directamente en los procesos evolutivos y en la dinámica de los ecosistemas. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de repensar la relación entre ciudades, personas y naturaleza en un mundo cada vez más urbanizado.



