El polo norte magnético de la Tierra ya no está donde se encontraba hace unas décadas. La última actualización del World Magnetic Model 2025 (WMM2025), elaborada por la NOAA y el British Geological Survey, confirma que el punto hacia el que apuntan las brújulas se encuentra ahora más cerca de Siberia que del Ártico canadiense, tras recorrer más de 2.200 kilómetros desde 1831.
Cambios en la velocidad
Durante gran parte del siglo XX, el polo se movía lentamente, apenas unos kilómetros al año. A partir de la década de 1990 aceleró hasta 50–60 km anuales, cruzando el océano Ártico y la línea internacional de cambio de fecha. Sin embargo, en los últimos cinco años su velocidad se redujo a 35 km por año, la mayor desaceleración registrada hasta ahora.
El geofísico William Brown, del British Geological Survey, describe este comportamiento como “nunca observado hasta ahora”, motivo por el cual el nuevo modelo ha recibido tanta atención.
Qué es el polo magnético
Conviene distinguir entre el Polo Norte geográfico, fijo en los mapas, y el polo norte magnético, que se desplaza con el tiempo. Este último es el punto donde el campo magnético terrestre apunta casi totalmente hacia abajo.
El campo se origina a unos 3.000 km de profundidad, en el núcleo externo de hierro y níquel fundidos. Su movimiento genera corrientes eléctricas que producen un gran imán planetario, extendido hacia el espacio en forma de magnetosfera, el escudo que protege la atmósfera de las partículas solares.

El World Magnetic Model 2025
El WMM se actualiza cada cinco años y es el estándar utilizado por:
- Aviación civil y militar.
- Marinas comerciales y organismos internacionales como la OTAN.
- Sistemas de navegación submarina.
- Fabricantes de móviles y automóviles para calibrar brújulas digitales.
La versión 2025, publicada en diciembre de 2024, será válida hasta finales de 2029. Su principal novedad es la versión de alta resolución (WMMHR2025), que mejora la precisión de 3.300 km a unos 300 km en el ecuador, optimizando el cálculo de rumbos en zonas complejas como el Ártico.
Impacto práctico
Para trayectos cortos, como un viaje en metro, el impacto es mínimo. Pero en vuelos de miles de kilómetros, usar un modelo desactualizado puede generar errores de decenas de kilómetros en la ruta.
Además, el modelo actualiza las zonas de “apagón magnético” cerca de los polos, donde las brújulas dejan de ser fiables, afectando a rutas polares y expediciones científicas.
Separar ruido de realidad
El desplazamiento del polo magnético está ligado a procesos internos del núcleo terrestre, no al calentamiento global ni a las emisiones de CO₂. Tampoco implica una inversión inminente de los polos magnéticos. Los registros geológicos muestran que el campo se ha invertido muchas veces, la última hace 780.000 años, y que estos procesos ocurren en escalas de miles de años.
Aunque la intensidad del campo se ha reducido un 9–10 % en dos siglos, los expertos consideran que estos cambios son normales a escala geológica.
El episodio recuerda que la Tierra es un planeta dinámico, por dentro y por fuera. Igual que medimos el CO₂ o la temperatura de los océanos, seguir de cerca el campo magnético es esencial para proteger infraestructuras críticas y comprender la maquinaria interna del planeta. El reloj de la geofísica no se detiene, y el polo norte magnético sigue marcando su propio rumbo.



