En Europa, la luz roja se está convirtiendo en una aliada inesperada para proteger a los murciélagos de la contaminación lumínica.
Es que Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido ya instalaron luces LED de tonalidad roja en tramos viales estratégicos para guiar a estos animales, y la medida empieza a ganar atención internacional.
Por ejemplo, en Gladsaxe, área metropolitana de Copenhague, 30 farolas de un metro de altura emiten un resplandor rojo a lo largo de una carretera principal y una superautopista ciclista para beneficio de los murciélagos.
El proyecto, impulsado por el estudio AFRY Architects, busca reducir al mínimo el impacto del alumbrado público sobre una colonia cercana de murciélagos.
El color rojo no es arbitrario: estudios señalan que los quirópteros -a los que pertenecen los murciélagos– son especialmente sensibles a la luz blanca rica en componente azul. Esto altera sus patrones de alimentación y desplazamiento.
Luz roja para proteger a los murciélagos: los antecedentes en Europa
El caso danés no es el primero. En 2018, Zuidhoek-Nieuwkoop, en Países Bajos, se convirtió en la primera ciudad del mundo en utilizar iluminación roja respetuosa con la fauna y los murciélagos.

Un año después, el Reino Unido inauguró su primer paso para murciélagos con 60 metros de luz roja a lo largo de la A4440, junto a la reserva natural de Warndon Woodlands.
La luz roja, por su mayor longitud de onda, interfiere menos en los ciclos biológicos nocturnos. Además, afecta menos a la producción de melatonina en humanos, la hormona que regula el sueño.
En ambos casos, el objetivo fue mantener corredores ecológicos funcionales sin renunciar a la seguridad vial.
Ventajas y limitaciones técnicas
La expansión del LED en Europa siguió criterios de eficiencia energética, y el tono blanco neutro —en torno a los 4.000 kelvin— se consolidó como estándar para la conducción.
Sin embargo, su componente azul se dispersa con facilidad en la atmósfera y altera los ritmos biológicos de numerosas especies, lo que intensificó el debate sobre la contaminación lumínica.
La implantación de farolas rojas en vías abiertas al tráfico plantea interrogantes técnicos concretos:
- El ojo humano necesita más tiempo para adaptarse bajo luz roja.
- Se reduce la capacidad de distinguir detalles y colores esenciales, como señales o marcas viales.
- Puede alterarse la percepción de distancias.
La normativa europea tampoco facilita la transición. La norma EN 13201 fija parámetros de luminancia y visibilidad orientados a la luz blanca, sin contemplar el uso de luz roja para alumbrado general.
Además, el Reglamento UNECE nº 48 reserva el rojo para señalización en vehículos. Este traslada al diseño urbano una asociación del color rojo con advertencia o peligro.
Los defensores de esta medida argumentan que menos luz blanca no implica necesariamente menos seguridad, sino un enfoque distinto del diseño urbano nocturno. Se trata de una premisa que podría transformar la manera en que las ciudades iluminan sus calles sin sacrificar la biodiversidad.



