Durante años, algunos científicos sostuvieron que el deshielo glaciar podía tener un efecto beneficioso: liberar hierro atrapado en el hielo hacia el océano, fertilizando algas microscópicas capaces de absorber dióxido de carbono y contribuir a mitigar el cambio climático.
La teoría planteaba que estas algas, al morir, se hundían en el fondo marino, secuestrando carbono de forma casi permanente. Incluso se llegó a proponer la geoingeniería con hierro, es decir, verter grandes cantidades de este mineral en el océano para estimular la fotosíntesis. Sin embargo, otros expertos advirtieron que esto podría generar “zonas muertas”, áreas con niveles de oxígeno tan bajos que la vida marina apenas puede sobrevivir.
El hallazgo reciente
Un estudio liderado por oceanógrafos de la Universidad Rutgers-New Brunswick (EE.UU.), en colaboración con instituciones británicas y estadounidenses, desmonta esa idea. Tras analizar muestras en la plataforma de hielo Dotson, en el mar de Amundsen (Antártida occidental), comprobaron que el agua de deshielo aporta un 90 % menos de hierro útil de lo que se pensaba.
Los resultados muestran que:
- Solo el 10 % del hierro disuelto proviene del agua de deshielo.
- El 62 % procede de aguas profundas que entran en las cavidades bajo el hielo.
- El 28 % proviene de sedimentos de la plataforma.
Esto significa que el hierro liberado directamente por el deshielo glaciar es mínimo.

Implicaciones globales
El glaciar Thwaites, conocido como el “Glaciar del Juicio Final”, ya explica el 4 % del aumento anual del nivel del mar. Si colapsara por completo, el nivel del mar podría elevarse hasta 65 cm, exponiendo a millones de personas a inundaciones costeras.
El hallazgo sobre el hierro desmonta la idea de que el deshielo pueda tener un efecto compensatorio. Por el contrario, confirma que el impacto del cambio climático en los glaciares es netamente negativo: contribuye al aumento del nivel del mar y no ofrece beneficios significativos en la absorción de carbono.
Nuevas líneas de investigación
El estudio, publicado en Communications Earth and Environment, también reveló que bajo el glaciar existe una capa líquida sin oxígeno disuelto, que podría ser una fuente de hierro mayor que el propio deshielo. Esto abre nuevas preguntas sobre las fuentes reales de hierro en la Antártida y su papel en la dinámica oceánica.
Los investigadores concluyen que se necesitan más estudios para comprender mejor cómo interactúan las aguas profundas, los sedimentos y el deshielo en un planeta en calentamiento.
El deshielo glaciar no es un aliado contra el cambio climático, sino un síntoma alarmante de su avance. La teoría de la fertilización con hierro pierde fuerza frente a la evidencia científica: el aporte directo del hielo es mínimo y no compensa los riesgos globales que implica la desaparición de los glaciares.



