China completa el cinturón verde de 3,046 km contra la desertificación

En noviembre de 2024, China concluyó la creación de un imponente cinturón vegetal de 3.046 kilómetros en el borde del desierto de Taklamakán, en Xinjiang.

Este proyecto busca combatir la desertificación, proteger infraestructuras como carreteras y oasis, y mitigar las tormentas de arena que se generan cada primavera.

Esta iniciativa forma parte del programa Three-North Shelterbelt, conocido como la «Gran Muralla Verde«, iniciado en 1978 con un plazo que se extiende hasta 2050, frente a un país donde el 26,8% de su territorio es desértico.

Este cinturón verde no es solo una imagen de reforestación a gran escala. Un estudio publicado en 2026 señala que la vegetación restaurada ha generado un impacto medible en el aire, con una reducción estacional del CO₂ de 3 partes por millón. Aunque pequeño a nivel global, este cambio es verificable.

El proyecto alcanzó su meta con la plantación de los últimos 100 metros el 28 de noviembre de 2024, rodeando un vasto desierto de 337.600 km², comparable con Finlandia y uno de los desiertos de dunas móviles más grandes del mundo.

La concepción del «cinturón verde» no se limita a un bosque continuo. En las áreas más difíciles, se han implementado técnicas variadas, desde barreras de ingeniería y especies resistentes, hasta paneles solares que generan electricidad y reducen la erosión del viento.

Las tormentas de arena no solo son un problema estético; pueden arruinar cultivos, dañar infraestructuras y convertir caminos en trampas, especialmente en regiones donde el agua es escasa.

Por ello, el proyecto se enfoca en áreas vulnerables, como oasis, carreteras y zonas productivas. China planea reforzar estos bordes del desierto con restauración de álamos y nuevas redes vegetales para proteger tierras agrícolas.

Según un equipo de investigadores, el borde del Taklamakán muestra una dinámica estacional clara. Durante la temporada húmeda, de julio a septiembre, la precipitación sube a 16,3 mm al mes, mejorando la cobertura vegetal y la fotosíntesis.

Este aumento de actividad biológica coincide con una disminución del CO₂ atmosférico de cerca de 3 ppm en comparación con la estación seca. Estos datos fueron corroborados a través de mediciones satelitales y de superficie.

A pesar de los avances, los investigadores advierten que, incluso si todo el Taklamakán se reverdeciera, el impacto global seguiría siendo limitado. Solo equivaldría a compensar alrededor del 10% de las emisiones anuales de CO₂ de Canadá.

El cinturón verde

No se debe olvidar que en ecología rara vez hay causas únicas. Un análisis citado sugiere que la plantación explica una pequeña parte del aumento de vegetación, ya que también influyen las precipitaciones y el uso del suelo.

La supervivencia de las plantas es un reto, con críticas sobre bajas tasas y dudas sobre su capacidad para reducir tormentas de arena en lugares lejanos como Pekín.

El futuro del cinturón depende del agua. Los arbustos sobreviven gracias a la escorrentía de las montañas circundantes, pero expandirse requiere fuentes de agua confiables, un recurso en disputa globalmente.

El éxito del proyecto se mide no solo en kilómetros plantados, sino en su resiliencia. La clave es si estas plantaciones soportarán veranos cada vez más extremos sin agotar acuíferos o dañar ríos.

Este cinturón verde es una solución local efectiva contra la desertificación y, aunque su impacto climático global sea modesto, demuestra que incluso en paisajes hostiles, es posible crear sumideros de carbono si se planifica adecuadamente. El estudio sobre esta huella de carbono se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Luís Pavesio
Luís Pavesio
Periodista especializado en temas ambientales desde 2006. Director de Noticias Ambientales desde 2012, coordinando un equipo de periodistas comprometidos en informar y aportar lo mejor para impactar positivamente en nuestro planeta.

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