Cada 7 de julio se conmemora el Día Internacional de la Conservación del Suelo, una jornada que busca poner en primer plano la importancia de uno de los recursos más fundamentales para la vida en la Tierra.
El suelo no es solo tierra: es el sostén de los ecosistemas, el mayor reservorio terrestre de carbono orgánico y el hábitat de millones de organismos que hacen posible la vida vegetal y animal.
Según la FAO, más del 33% de los suelos a nivel global presentan algún grado de degradación, producto de la erosión, la deforestación y las prácticas agrícolas intensivas.
En América Latina, la situación es crítica: la expansión de la agricultura industrial, especialmente la destinada a la producción de proteína animal y soja para alimentación del ganado, figura entre las principales causas de degradación y pérdida de biodiversidad edáfica.
Una mirada interseccional sobre la crisis del suelo
La degradación del suelo no afecta de igual manera a todas las personas ni a todos los ecosistemas. Son las comunidades rurales, los pueblos originarios y los territorios con menor capacidad de resiliencia quienes cargan con las consecuencias más severas de un modelo productivo que prioriza el rendimiento por sobre la sostenibilidad.
Las decisiones de consumo cotidianas tienen un impacto directo sobre la salud del suelo:
- Producción animal industrial: requiere grandes extensiones para pastoreo y cultivo de alimentos destinados al ganado.
- Compactación y contaminación: el suelo se degrada, las napas freáticas se contaminan y aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero.
- Pérdida de biodiversidad: la presión sobre los territorios reduce la capacidad de regeneración natural.
Como señaló Jesica Bon Denis, directora de Animal Interseccional:
“Hablar de la conservación del suelo es hablar también de qué decidimos poner en nuestro plato cada día. Las elecciones individuales, sumadas a políticas públicas, tienen la capacidad de transformar el sistema”.

Decisiones cotidianas con impacto colectivo
La invitación en este día es a reflexionar sobre el rol que cada acción diaria tiene en la salud de los suelos y los ecosistemas. Algunas medidas concretas incluyen:
- Reducir consumo de productos animales: disminuye la presión sobre territorios destinados al pastoreo y monocultivos.
- Optar por productos locales y de temporada: fortalece economías regionales y reduce la huella ambiental.
- Exigir políticas de etiquetado y producción sostenible: garantiza transparencia y fomenta prácticas responsables.
- Promover la agroecología y sistemas regenerativos: modelos que devuelven nutrientes al suelo y respetan la biodiversidad.
El suelo como patrimonio común
El suelo es un recurso no renovable a escala humana. Su degradación avanza más rápido de lo que puede regenerarse, lo que lo convierte en un patrimonio común que debe ser protegido. La conservación del suelo está directamente vinculada con la seguridad alimentaria, la mitigación del cambio climático y la supervivencia de millones de especies.
El Día Internacional de la Conservación del Suelo nos recuerda que este recurso es la base de la vida y que su cuidado depende tanto de políticas públicas como de nuestras decisiones cotidianas.
América Latina, con su enorme riqueza natural, enfrenta el desafío de transformar sus modelos productivos hacia alternativas sostenibles que garanticen el bienestar de las comunidades y la resiliencia de los ecosistemas.



