Un nuevo yaguareté llegó en balsa al centro de cría de Iberá

El martes por la mañana el equipo de profesionales de la Estación Biológica en San Cayetano despidió a Chiqui, al terminar su cuarentena.

Con todos los chequeos veterinarios completados, el yaguareté paraguayo se subió a la jaula que lo llevaría al que será su nuevo hogar por un año. Se sumará a Tobuna y Nahuel, los otros dos ejemplares que ya están en la reserva.

 
Llegó a mediados de enero. Chiqui, el yaguareté cedido por la Reserva Faunística Atinguy, que administra la Entidad Binacional Yacyretá en Paraguay, hizo ayer su viaje hacia el Iberá.
 
Quienes cuidaron de él hasta ahora y quienes se ocuparán de monitorearlo y ayudarlo en su nuevo hogar temporario se encargaron de la logística: lo hicieron ingresar en una gran jaula, para viajar sobre un trailer desde San Cayetano hasta San Miguel. Luego lo cargaron en una balsa para navegar por los Esteros unos 30 kilómetros desde el camping San Nicolás hasta la isla de San Alonso, donde se erige el Centro de Cría de Yaguaretés (CECY).
 
Así, el tercer ejemplar de yaguareté que integra el proyecto de reintroducción de la especie extinguida en Corrientes desde hace 60 años completó la misma travesía que hicieron antes sus dos nuevos compañeros en el CECY, Tobuna y Nahuel.
 
Y con su llegada, se renueva la esperanza de poder lograr el principal objetivo del proyecto: tener crías con la hembra.
 
A un año de la llegada de Nahuel a los Esteros, hoy será el día especial de Chiqui. Tras su arribo y luego de pasar su primera noche en la naturaleza, un nutrido grupo de integrantes de la fundación Conservation Land Trust (que llevan adelante el proyecto), además de funcionarios provinciales y nacionales, guardiaparques, autoridades de la EBY, integrantes del nuevo Parque Nacional Iberá y vecinos ibereños participarán de un festejo de bienvenida.
 
 
 
El primer yaguareté importado
 
Chiqui es originario de las nacientes del río Paraguay, cerca de un pueblo llamado Fuerte Olimpo, a pocos kilómetros de la frontera con Brasil y Bolivia. Cuando tenía apenas cuatro meses, cazadores furtivos mataron a su madre y lo redujeron al cautiverio. Al poco tiempo fue rescatado en un operativo de la Secretaría de Ambiente de Paraguay y llevado al Refugio Faunístico de Atinguy, un reconocido centro de rescate de fauna donde recibió muy buenos cuidados durante los últimos ocho años de su vida.
 
 

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