El águila coronada (Buteogallus coronatus), es uno de los grandes depredadores alados de Sudamérica. Pero hoy sobrevive casi como una reliquia viviente en el Cono Sur: está en peligro de extinción.
Los especialistas estiman que quedan entre 800 y 2500 ejemplares en todo el mundo, lo que la coloca en una situación crítica. En Paraguay, por ejemplo, se documentaron apenas 50 avistamientos en los últimos años.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) realiza estas estimaciones a partir de estudios académicos, monitoreos de campo y datos aportados por la ciencia ciudadana. Sin embargo, la variabilidad en las cifras refleja la falta de información sólida sobre la especie.
Un caso emblemático: Ekilore, el águila coronada que cruzó al Paraguay
El Centro para el Estudio y Conservación de las Aves Rapaces en Argentina (CECARA) documentó recientemente un caso clave, el de Ekilore, un ejemplar nacido en Santa Fe. Lo equiparon, según relata el sitio cienciasdelsur, con un transmisor satelital GPS y, en menos de un mes, recorrió más de 700 kilómetros.
El 3 de junio de 2025 cruzó el río Pilcomayo e ingresó a Paraguay tras haber partido desde San Cristóbal el 9 de mayo.
El desplazamiento, poco común por su rapidez y extensión, atravesó las provincias argentinas de Chaco y Formosa. Esto demuestra la capacidad de movimiento de la especie, aunque no realiza migraciones estacionales regulares.

Investigación y conservación: el Proyecto Águila del Chaco
Uno de los principales referentes en la investigación de esta especie es Diego Gallego García, biólogo vasco, máster en zoología por la Universidad Complutense de Madrid y actual doctorando en la Universidad Nacional del Comahue.
Gallego lidera el Proyecto Águila del Chaco, que combina ciencia, conservación y educación ambiental con el fin de proteger a esta ave rapaz en peligro.
Su trabajo cuenta con el respaldo de becas y fondos internacionales (CONICET, Smithsonian-Mason, The Rufford Foundation, entre otros), y con experiencia en instituciones de renombre como Hawk Mountain Sanctuary (EE.UU.) y CIBIO-InBIO (Portugal).
En cuanto a la genética de la especie, hasta ahora solo se realizaron estudios en la zona semiárida de Argentina, sin encontrar diferencias poblacionales claras.
Sin embargo, el tamaño reducido de las muestras impidió llegar a conclusiones definitivas. Actualmente, se busca ampliar la investigación con muestras de Brasil, Paraguay y Bolivia para conocer mejor la diversidad genética y conectividad del águila coronada en toda su área de distribución.
El rol de la ciencia ciudadana y el monitoreo satelital

El registro del cruce de Ekilore no sorprendió a los especialistas, ya que en los últimos cinco años se cargaron 50 registros en eBird sobre la presencia del águila coronada en Paraguay, gracias a la participación de observadores en plataformas como eBird e iNaturalist.
El seguimiento satelital se realiza con transmisores PTT (Platform Transmitter Terminal), fabricados por Microwave Telemetry, con una vida útil de entre 6 y 8 años. Estos dispositivos solares registran datos de ubicación cada hora durante el día, permitiendo un monitoreo constante a través del sistema ARGOS.
Los datos se almacenan en la plataforma internacional Movebank, gestionada por el Instituto Max Planck de Ornitología, que no solo facilita el análisis de desplazamientos, sino también la integración de variables ambientales como cobertura vegetal, presión humana y conectividad del paisaje.
Una especie en peligro
De acuerdo con los especialistas, el águila coronada enfrenta un futuro incierto. Su baja densidad poblacional, la fragmentación de hábitats y la falta de información sobre su biología dificultan su conservación.
Sin un esfuerzo conjunto entre la ciencia, las comunidades locales y los gobiernos, esta ave rapaz emblemática del Cono Sur podría perderse para siempre, dejando el cielo sudamericano sin uno de sus símbolos más majestuosos.



