Canadá se hace cómplice del comercio internacional de ballenas

Islandia y Japón están utilizando a Canadá como nación tránsito para comercializar carne de ballenas de aleta, la segunda ballena de mayor tamaño después de la ballena azul y que se encuentra clasificada En Peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Esto a pesar que el comercio internacional de ballenas está prohibido a nivel global por la Convención Sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) del cual Canadá es miembro.
 

Sin embargo las autoridades canadienses afirman que legalmente no pueden hacer nada para detener el comercio de carne de ballena desde Islandia a Japón, a través de Canadá, porque se trata de productos en tránsito.
 
La decisión de las autoridades canadienses ha generado una fuerte oposición de organizaciones civiles y políticos de ese país. Sara King, coordinadora de campañas de Greenpeace Canadá declaró estar en shock por el hecho que los contenedores fueran transportados a lo largo del país y catalogó a Canadá como cómplice del comercio internacional de especies en peligro.
 
Islandia y Japón también son signatarias de la CITES pero mantienen reservas a la prohibición sobre el comercio internacional, lo que las exenta de cumplir con esta medida.
 
Esta sería la primera oportunidad que el gobierno de Canadá se ve directamente involucrado en el comercio internacional de ballenas.
 
Recientemente Estados Unidos advirtió a Islandia que podría implementar sanciones comerciales debido a que la caza y exportación de ballenas de aleta socavan esfuerzos globales de conservación, pero la decisión final debe ser tomada por el presidente de ese país Barak Obama, quien se ha mostrado reticente a implementar sanciones en oportunidades anteriores.
 
En julio de 2013 alrededor de 130 toneladas de carne de ballena de aleta que arribaron a Alemania para ser exportados a Japón fueron devueltos después que las compañías navieras se negaran a transportar los contenedores. La acción demuestra que lo único que requiere Canadá para dejar de ser cómplice del comercio internacional de especies de ballena en peligro es voluntad.

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