El desastre nuclear de Chernóbil en 1986 transformó para siempre el ecosistema de la región. La explosión del reactor 4 liberó grandes cantidades de cesio-137, yodo-131 y otros radionúclidos, y contaminó más de 2600 km cuadrador y obligando a evacuar a decenas de miles de personas.
Hoy, casi 40 años después, los perros de Chernóbil, al igual que ocurrió con mucha fauna de la zona, desarrollaron una estructura genética única.
Los perros de Chernóbil y un estudio genético sin precedentes
En los años siguientes, la fauna silvestre sufrió un fuerte declive, pero con el tiempo algunas especies —como lobos y perros— lograron adaptarse y prosperar.
Los perros que hoy habitan la zona de exclusión descienden, en su mayoría, de mascotas abandonadas durante la evacuación, y desarrollaron una estructura genética única producto del aislamiento y las duras condiciones, más que de mutaciones directas por la radiación.

Una investigación internacional publicada en Science Advances, liderada por Gabriella J. Spatola y Timothy A. Mousseau, analizó la genética de 302 perros que viven cerca de la central nuclear y en ciudades aledañas. Las muestras, recolectadas entre 2017 y 2019, provinieron de tres zonas clave:
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Central nuclear de Chernóbil
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Ciudad de Chernóbil (15 km de la planta)
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Slavutych (45 km), donde fueron reubicados muchos trabajadores tras el accidente
Mediante arrays de polimorfismos de nucleótido único (SNP), se identificaron tres poblaciones genéticamente diferenciadas.
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Perros de la central nuclear: muestran gran similitud genética y baja diversidad, señal de un “efecto fundador” o cuellos de botella poblacionales tras el desastre.
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Perros de la ciudad de Chernóbil: presentan la mayor diversidad genética, reflejando menos endogamia y mayor mezcla poblacional.
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Perros de Slavutych: poseen más haplotipos de razas modernas como labrador retriever y yorkshire terrier, lo que sugiere introducción reciente de perros domésticos.
El análisis reveló 15 familias distintas, siendo la más grande compartida entre todas las localidades. Si bien son genéticamente únicos, comparten ascendencia parcial con pastores alemanes, perros de Europa del Este, bóxers y rottweilers.
Adaptación extrema y resistencia a enfermedades
Pese a vivir expuestos a niveles de radiación seis veces superiores al máximo permitido para humanos, estos perros no muestran mutaciones típicas provocadas por material radiactivo. En cambio, los científicos detectaron diferencias en más de 390 regiones del genoma, algunas vinculadas a la reparación del ADN.

Los investigadores atribuyen estas variaciones a «selección natural» y al aislamiento poblacional, que favorecieron la supervivencia de individuos con rasgos adaptativos. Este proceso también se observó en lobos de Chernóbil, estudiados por la bióloga Cara Love, quienes han desarrollado mayor resistencia al cáncer.
Aunque no son completamente inmunes, tanto perros como lobos presentan menor incidencia de la enfermedad y mayor supervivencia, algo comparable —según los expertos— a los efectos fortalecedores de la radioterapia en el sistema inmunológico humano.
En un entorno hostil y contaminado, estos animales muestran evolución acelerada y cómo la vida puede encontrar formas inesperadas de adaptarse a condiciones extremas.



