El conflicto entre humanos y vida silvestre es una de las mayores amenazas para las especies

Los conflictos entre las personas y los animales son una de las principales amenazas para la supervivencia a largo plazo de algunas de las especies más emblemáticas del mundo, como los elefantes errantes de China que ingresan en granjas en busca de comida y agua, o los lobos que se alimentan del ganado en Idaho, Estados Unidos.

Así lo advierte un nuevo informe de WWF y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Los altercados con los animales a menudo llevan a las personas a matar a los animales en defensa propia, de forma preventiva o a modo de represalia, lo que puede conducir a la extinción de especies.

El informe, Un futuro para todos: la necesidad de la coexistencia entre humanos y vida silvestre, destaca que en el mundo la matanza relacionada con los conflictos afecta a más de 75% de las especies de felinos silvestres, a muchas otras especies de carnívoros terrestres y marinos, como los osos polares y las focas monje del Mediterráneo, y a grandes herbívoros como los elefantes.

“En el tiempo de vida de una generación ya hemos visto cambios extraordinarios e incomparables en nuestro planeta. Las poblaciones mundiales de vida silvestre han caído en promedio 68% desde 1970”, dice Margaret Kinnaird, líder mundial de prácticas de vida silvestre en WWF International.

“El conflicto entre humanos y vida silvestre, junto con otras amenazas, ha provocado una disminución significativa de especies que alguna vez fueron abundantes, y especies que son naturalmente menos abundantes han sido llevadas al borde de la extinción. A menos que se tomen medidas urgentes, esta tendencia devastadora solo empeorará, causando impactos perjudiciales y en algunos casos irreversibles en los ecosistemas y la biodiversidad”, añade Kinnaird.

El estudio contó con contribuciones de 155 expertos de 40 organizaciones con sede en 27 países.

“Este informe es un llamado de atención para elevar el perfil de este problema y darle la atención que merece en los procesos nacionales e internacionales”, dice Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del PNUMA.

“Es un llamado a la adopción de enfoques que identifiquen y aborden las causas subyacentes más profundas del conflicto mientras se desarrollan soluciones sistémicas con las comunidades afectadas, que son participantes activas y de importancia. Como se demuestra en muchos de los estudios de caso de este informe, la coexistencia es posible”, dice Gardner.

Según el informe, el conflicto entre humanos y vida silvestre es tanto un problema de desarrollo y humanitario como una preocupación de conservación que afecta los ingresos de los agricultores, pastores, pescadores artesanales y pueblos indígenas, en particular los que viven en la pobreza. También interfiere con el acceso al agua para las comunidades que compiten con los animales por las fuentes de este recurso e impulsa la desigualdad, ya que quienes pagan el precio por vivir con la vida silvestre rara vez reciben los beneficios de la convivencia.

A pesar de que este tema está tan fuertemente vinculado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los responsables de la formulación de políticas siguen pasándolo por alto.

Si bien las personas de todo el mundo gozan de los beneficios de una vida silvestre floreciente y de ecosistemas saludables que nos permiten sobrevivir y obtener alimentos y medios de vida, impactos catastróficos como lesiones y muertes y la pérdida de propiedades ejercen una presión sobre quienes viven junto a estas especies —a menudo en países en desarrollo ricos en biodiversidad—, lo que genera inseguridad financiera y mala salud física y mental.

“Si la comunidad internacional no aborda adecuadamente el conflicto entre humanos y vida silvestre, WWF cree que este tendrá un impacto negativo considerable en la capacidad de los países para cumplir la mayoría de los ODS”, dice el Dr. Kinnaird.

“Para que el mundo tenga la oportunidad de cumplir los ODS antes de la fecha límite de 2030, el conflicto entre humanos y vida silvestre debe incluirse explícitamente en los planes de implementación de los ODS, así como en el centro del nuevo marco de la Convención sobre la Diversidad Biológica**”, añade Kinnaird.

El informe dice que no es posible erradicar por completo el conflicto entre humanos y vida silvestre, pero que enfoques bien planificados e integrados para gestionarlo pueden reducir los conflictos y conducir a una forma de coexistencia entre personas y animales. Tales enfoques requieren trabajo en prevención, mitigación, respuesta, investigación y monitoreo, todo respaldado por un fuerte apoyo político y la participación de las comunidades.

Un ejemplo de esto se puede ver en el Área de Conservación Transfronteriza de Kavango Zambezi en África Meridional, donde un enfoque integrado para manejar el conflicto entre humanos y vida silvestre *** ha llevado a una reducción de 95% en la matanza de ganado, lo que resultó en cero muertes de leones por represalia en 2016 (al menos 17 fueron asesinados en 2012 y 2013) y permitió que las poblaciones de leones previamente amenazadas se recuperaran.

Reducir el conflicto entre humanos y vida silvestre de esta manera puede generar oportunidades y beneficios, no solo para la biodiversidad y las comunidades afectadas, sino también para la sociedad, el desarrollo sostenible, la producción y la economía mundial en general.

El informe dice que las personas que nunca han presenciado un conflicto entre humanos y vida silvestre aún pueden desempeñar un papel en la lucha contra este problema al consumir productos certificados por organizaciones como Wildlife Friendly Enterprise Network y Rainforest Alliance.

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