Durante siglos, los burros fueron aliados indispensables de la humanidad. En Brasil, estos animales acompañaron generaciones como símbolo de trabajo y resistencia. Sin embargo, su supervivencia enfrenta una amenaza inesperada y alarmante por la producción de una medicina tradicional.
La demanda internacional de ejiao, una gelatina medicinal tradicional china elaborada con piel de burro, encendió las alertas ambientales. Esta creciente industria desencadenó la matanza masiva de asnos en varios países, incluido Brasil, donde su población disminuyó drásticamente en las últimas décadas.
Según datos recientes, entre 1996 y 2025 Brasil habrá perdido el 94% de su población de burros. Sin planes oficiales de reproducción ni regulación específica, la especie podría desaparecer del territorio brasileño en pocos años si esta tendencia continúa.
Además de la pérdida de biodiversidad, este fenómeno implica un impacto directo en los sistemas rurales que aún dependen de los burros como animales de carga y transporte.

Más que una especie es considerada un eslabón clave en la medicina tradicional
El declive de los burros afecta directamente al equilibrio ambiental y social. Su desaparición no solo significa la pérdida de un animal emblemático, sino también la disrupción de modos de vida tradicionales, especialmente en comunidades rurales donde aún cumplen funciones clave.
Los burros colaboran en labores agrícolas, transporte de agua, leña y cosechas en zonas sin acceso vehicular. Son resistentes, poco demandantes y profundamente integrados en la cultura campesina. Al desaparecer, muchas familias pierden una herramienta vital de subsistencia.
Además, estos animales son considerados excelentes compañeros. Su docilidad, inteligencia y capacidad de adaptación los convierten en una alternativa a otras especies en programas terapéuticos y educativos.
Crueldad y riesgo sanitario
El sacrificio masivo de burros para extraer su piel se realiza, en muchos casos, sin controles adecuados. Estudios recientes demostraron que la mayoría de los animales involucrados en esta industria padecen condiciones de hacinamiento, malnutrición y violencia.
La ausencia de normativas de bienestar animal agrava el problema, sumado al hecho de que el transporte transfronterizo sin protocolos sanitarios puede favorecer la propagación de enfermedades zoonóticas.
Este tipo de prácticas no solo atenta contra la ética ambiental, sino que también pone en riesgo la salud pública, al generar posibles brotes infecciosos por falta de regulación.
Condiciones para preservar y proteger
Una de las claves para proteger a los burros es impulsar alternativas tecnológicas al ejiao. La producción de colágeno en laboratorio mediante fermentación de precisión ya es una realidad en desarrollo, con menor impacto ambiental y sin sufrimiento animal.
Por otro lado, es necesario establecer políticas claras de protección, que incluyan la cría responsable, la prohibición del comercio sin trazabilidad y el fortalecimiento de comunidades rurales que aún dependen de estos animales.
Las maravillas naturales y culturales deben preservarse, y los burros, como parte viva del patrimonio ecológico y social, merecen protección. Su desaparición no solo sería una pérdida para la biodiversidad, sino para la historia compartida entre humanos y animales.

Para qué se utiliza esta medicina tradicional
El ejiao es un producto tradicional de la medicina china utilizado desde hace siglos como tónico para tratar diversas dolencias. Se le atribuyen propiedades para mejorar la circulación sanguínea, detener hemorragias y combatir la fatiga. También se usa para fortalecer el sistema inmunológico y tratar trastornos menstruales.
Además de sus usos medicinales, el ejiao se emplea en productos cosméticos debido a su alto contenido de colágeno. Se encuentra en cremas antiarrugas, suplementos de belleza y tratamientos para la piel, promovido por sus efectos regenerativos y antienvejecimiento.
En años recientes, el aumento de la demanda llevó a su comercialización en forma de píldoras, jarabes y golosinas funcionales. Sin embargo, la falta de evidencia científica sólida que respalde todos sus beneficios, sumada al impacto ambiental y ético de su producción, ha generado un creciente debate sobre su uso.



