Después de más de siete décadas, un anfibio emblemático de las montañas de San Bernardino vuelve a habitar su hogar natural. En agosto de 2025, más de 350 ranas de patas amarillas de montaña fueron liberadas en Bluff Lake, un evento considerado el mayor esfuerzo de reintroducción de esta especie en peligro de extinción. La iniciativa marcó un hito para el Acuario Birch de la Scripps Institution of Oceanography de UC San Diego y para la conservación en Estados Unidos.
De los ejemplares liberados, 220 nacieron en las instalaciones del Acuario Birch, mientras que el resto provino de la Alianza para la Vida Silvestre del Zoológico de San Diego y de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Este trabajo conjunto refleja la importancia de la cooperación interinstitucional para salvar especies en riesgo crítico.
El operativo de reintroducción se llevó a cabo bajo estrictas medidas para garantizar la adaptación de los anfibios. Los equipos trasladaron a las ranas en condiciones controladas y las distribuyeron en distintos puntos de Bluff Lake, empleando tanto liberaciones directas al agua como un proceso gradual en hábitats temporales. El objetivo fue maximizar la supervivencia y evaluar cuál estrategia resulta más efectiva a largo plazo.
Además, cada ejemplar recibió un microchip de identificación por radiofrecuencia, lo que permitirá un monitoreo detallado. Este tipo de tecnología de seguimiento ofrece datos clave para ajustar los protocolos y mejorar las probabilidades de éxito en futuros programas de recuperación.

Un nuevo logró para la conservación
La liberación en Bluff Lake no fue un esfuerzo aislado. En 2023 se habían reintroducido 70 ranas, en lo que constituyó la primera prueba del programa. Con el reciente evento de 2025, la magnitud del proyecto se multiplica, reforzando la viabilidad de una población autosostenible en el área.
El trabajo conjunto de instituciones como el Acuario Birch, la Alianza para la Vida Silvestre del Zoológico de San Diego, UCLA, el Big Bear Alpine Zoo y The Wildlands Conservancy, junto con agencias estatales y federales, demuestra la relevancia de la cooperación científica para enfrentar la crisis de biodiversidad.
De cara al futuro, los equipos planean aumentar progresivamente la cantidad de ejemplares liberados y diversificar las líneas genéticas de la especie. El monitoreo constante será crucial para medir el éxito de las distintas estrategias aplicadas y para asegurar que las ranas logren establecer poblaciones estables y resistentes en su hábitat original.
La recuperación de la rana de patas amarillas de montaña no es solo un triunfo local, sino un recordatorio global de la necesidad de restaurar los ecosistemas dañados por la actividad humana. Proyectos como este demuestran que, con ciencia, cooperación y compromiso, es posible revertir décadas de pérdida de biodiversidad y ofrecer una segunda oportunidad a especies que parecían condenadas al olvido.

¿Cuál es el papel ecológico de esta especie?
La rana de patas amarillas de montaña (Rana muscosa) es un anfibio endémico del sur de California y una pieza esencial en el equilibrio ecológico de la región. Su presencia favorece el control natural de insectos y sirve como indicador de la salud de los ecosistemas acuáticos de montaña. Sin embargo, su población se redujo drásticamente durante el siglo XX debido a la pérdida de hábitat, la contaminación de cuerpos de agua y la introducción de especies depredadoras.
Desde 2002, la rana de patas amarillas está catalogada como especie en peligro de extinción bajo la Ley de Especies en Peligro de EE. UU. Su desaparición de Bluff Lake, registrada desde 1951, simbolizaba la fragilidad de los ecosistemas locales. La reintroducción de más de 350 individuos representa, por lo tanto, un avance en la restauración ecológica de las montañas de San Bernardino.
El regreso de esta rana también contribuye al fortalecimiento de la biodiversidad regional. Los anfibios desempeñan un rol fundamental en la cadena trófica, al ser presas de aves, reptiles y mamíferos, y al mismo tiempo depredadores de invertebrados. Su recuperación no solo rescata a una especie, sino que favorece la resiliencia de todo el ecosistema.



