El Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza alertó sobre la tenencia y tráfico ilegal de aves silvestres, una actividad que constituye un delito y una forma grave de maltrato animal. La cartera recordó que existen canales habilitados para realizar denuncias y frenar esta problemática.
Uno de los casos más representativos en la provincia es el del siete cuchillos o pica huesos (Saltator aurantiirostris), una especie perseguida por el tráfico ilegal. Este pájaro suele ser utilizado en peleas clandestinas que terminan con su muerte.
“El uso de estas aves en enfrentamientos es una forma brutal de explotación con fines de lucro”, explicó Ignacio Haudet, director de Biodiversidad y Ecoparque. Desde el ministerio destacan que esta especie se ha convertido en emblema de la lucha contra el tráfico de fauna.
Además del maltrato físico, estas prácticas afectan el equilibrio ecológico, ya que la pérdida de individuos impacta directamente en los ecosistemas donde cumplen un rol clave.

Daños irreversibles y una segunda oportunidad
Muchas de las aves rescatadas sufren heridas graves: traumatismos en la cabeza, atrofia muscular, pérdida de falanges o daños en alas y plumas. Si bien no todas sobreviven, algunas logran rehabilitarse y volver a su hábitat natural gracias al trabajo de especialistas.
El Ministerio insiste en que proteger la fauna silvestre es una tarea colectiva. Denunciar la tenencia, caza o comercialización ilegal es fundamental para conservar el patrimonio natural de Mendoza y frenar el sufrimiento animal.
“Cada rescate es una oportunidad para devolverle la libertad a un ave y restaurar su rol en la naturaleza”, señalaron desde Ambiente. Rechazar el tráfico es actuar por la biodiversidad y por un vínculo más respetuoso con nuestro entorno.

El tráfico ilegal de aves y su impacto en el equilibrio ecológico
El tráfico ilegal de aves silvestres no solo representa una amenaza directa para las especies capturadas, sino que también provoca un desequilibrio profundo en los ecosistemas. Las aves cumplen funciones clave como la dispersión de semillas, el control de plagas y la polinización. Al ser extraídas de su hábitat, estos procesos naturales se ven interrumpidos, afectando la regeneración de los bosques y la salud del suelo.
Además, la disminución de ciertas especies puede alterar las cadenas alimenticias, provocando el aumento o descenso descontrolado de otras poblaciones animales. Esta pérdida de biodiversidad impacta también en los servicios ecosistémicos que benefician al ser humano, como la calidad del agua, el aire y el ciclo de nutrientes.
Cada ave capturada representa no solo una vida en riesgo, sino una pieza menos en el engranaje complejo que mantiene el equilibrio ambiental. Por eso, combatir el tráfico ilegal no es solo una cuestión de protección animal: es una acción urgente para preservar la estabilidad de los ecosistemas y la salud del planeta.



