Recientemente, el Telescopio Espacial James Webb, operado por la NASA y la ESA, ha revelado una impresionante imagen de la constelación de Tauro, mostrando el nacimiento de nuevas estrellas. Este descubrimiento coincide con el 9 de julio argentino, ofreciendo una especie de espectáculo cósmico de «fuegos artificiales» sin precedentes.
El Telescopio James Webb revela nuevos soles en Tauro
La imagen proporcionada por el sistema estelar FS Tau no solo es visualmente impactante, sino que también marca un avance significativo en nuestra habilidad para observar el nacimiento de nuevos soles a través del denso polvo galáctico. Este sistema se encuentra a 450 años luz de distancia y anteriormente solo había sido captado como una nebulosa opaca.
La tecnología avanzada del Webb, especialmente su capacidad para captar longitudes de onda infrarrojas, ha permitido visualizar partes del universo que antes eran inaccesibles para otros telescopios. En contraste, el telescopio Hubble no podía penetrar el espeso polvo que oscurece esta región del espacio.
Gracias a estas capacidades, el Webb ha permitido que galaxias y estructuras distantes aparezcan con claridad en el fondo, iluminando la escena como si fueran chispas en una celebración cósmica. El espejo primario del Webb, compuesto por 18 segmentos hexagonales, es significativamente más grande que el del Hubble, lo que contribuye a su capacidad de observación.
El Telescopio Webb opera cerca del punto de Lagrange Tierra-Sol L2, a 1.500.000 km más allá de la órbita terrestre, ofreciendo una perspectiva mucho más amplia en comparación con el Hubble, que orbita a 550 km de la Tierra.
Dentro del sistema FS Tau, el Webb ha detectado protoestrellas en sus primeras etapas de desarrollo. Estas estrellas «bebé» tienen entre 1 y 3 millones de años, una edad insignificante comparada con los 4.600 millones de años de nuestro Sol.
Entre los descubrimientos, se destacan FS Tau A, una pareja de protoestrellas, y FS Tau B, que muestra flujos de gas en vivos tonos naranjas y rojos. El Webb ha detectado «brechas» en estos flujos, sugiriendo que las estrellas crecen mediante episodios de acumulación de materia.
El estudio de estas protoestrellas de baja masa es crucial para comprender cómo se forman sistemas estelares similares al nuestro. La acreción episódica que experimentan estos cuerpos celestes es clave para entender su crecimiento y su impacto en el entorno circundante.
El Webb ha captado impresionantes crestas de color azul claro cerca de FS Tau B, formadas por la interacción de la materia expulsada por las estrellas con el gas circundante. Este fenómeno subraya la capacidad del Webb para distinguir texturas y colores, proporcionando información valiosa sobre la evolución de estas estrellas jóvenes.
Aunque actualmente son solo cúmulos de gas en desarrollo, las protoestrellas de FS Tau están destinadas a madurar y brillar de manera estable durante miles de millones de años, al igual que nuestro Sol.



