Estudiarán a la ballena azul, el animal más grande de la tierra

Se encuentra en peligro de extinción. 18 científicos de 10 países, partirán a finales de enero de Nueva Zelanda. El objetivo es estudiar de cerca al cetáceo, conocer sus hábitos, las rutas hacia su zona de cría y si son cazadas ilegalmente por balleneros.

 
Pero, ¿qué la convierte en un gigante? El cetáceo tiene una lengua que es más pesada que un elefante y su corazón es del tamaño de un auto.
 
El proyecto es un programa emblemático de la comunidad internacional de Southern Ocean Research Partnership (SORP). En este consorcio participan diez naciones;  Australia, Argentina, Brasil, Chile, Francia, Alemania, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica y los Estados Unidos.
 
La travesía, que reúne a 18 científicos y fue bautizada como Proyecto de Ballena Azul del Océano, partirá a fin de mes y estará de regreso en marzo. Los especialistas esperan también que la excursión sirva para realizar un censo que logre afinar el número de estos mamíferos que pueden alcanzar los 32 metros de largo y pesar unas 140 toneladas.
 
Hace poco más de cincuenta años el número de ballenas azules descendió notablemente durante el auge de la industria ballenera. Tan salvaje fue su persecución que estuvo a punto de extinguirse. La Comisión Ballenera Internacional estimó que en el año 2000 la población en el Hemisferio Sur era de entre 400 y 1.400 ejemplares, cifras poco precisas.
 
 
Según la investigadora Bárbara Galletti, del Centro de Conservación Cetácea, la ballena azul fue llevada al borde de la extinción y su población se redujo a menos del 1% de su tamaño original. Hoy todas las poblaciones continúan siendo clasificadas “En Peligro”.
 
“A pesar de su colosal tamaño, tenemos muy poca información sobre estos animales. Dónde se reproducen y alimentan, cuántos permanecen en nuestros océanos hoy en día, después de que en la caza industrial se asesinarán a más de 340.000 ejemplares en el año 1900”, explicó Tony Burke, Ministro de Medio Ambiente australiano.
 
Además, durante la travesía, rastrearán los movimientos de estos animales dentro del perímetro de alimentación en la Antártida. Para seguir su pista se utilizarán sonoboyas pasivas, desarrolladas recientemente para rastrear y localizar a los animales a través de cientos de kilómetros en el Océano Austral.

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