Después de dos años de suspensión, la empresa islandesa Hvalur hf. volvió a enviar sus barcos al mar en junio de 2026 para iniciar la temporada de caza de ballenas, que se extiende hasta septiembre.
La decisión generó protestas de organizaciones animalistas como Hvalavinir (Amigos de las Ballenas), que denuncian la captura de especies incluidas en la Lista Roja de la UICN.
Especies en peligro
De las 13 grandes especies de ballenas, siete figuran en la Lista Roja de la UICN. Entre ellas:
- La ballena franca del Atlántico Norte, en “peligro crítico”.
- La ballena azul y el rorcual común, catalogadas como “amenazadas” por la caza comercial y la crisis climática.
Según la Fundación Paul Watson, hasta el 17 de julio ya se habían capturado 22 ejemplares, lo que reavivó el debate sobre la sostenibilidad de esta práctica.
Regulaciones y cuotas
El Instituto de Investigación Marina de Islandia recomendó reducir en un 20% las cuotas de caza para este verano, fijando límites de:
- 150 rorcuales comunes.
- 168 rorcuales aliblancos o minke.
La medida busca mitigar el impacto sobre poblaciones que aún no se han recuperado plenamente de la caza industrial del siglo XX.
Países que mantienen la caza comercial
Islandia, Japón y Noruega son los únicos países que autorizan la caza comercial de ballenas. Según WWF España, estos países insisten en continuar con la práctica pese a la oposición de la Comisión Ballenera Internacional (CBI).
- Solo algunas comunidades indígenas de América del Norte cuentan con excepciones por motivos de soberanía alimentaria y tradiciones culturales.
- Los científicos rechazan el argumento de la necesidad de la carne de ballena, ya que contiene altos niveles de metales pesados debido a la longevidad de estos animales.

Recuperación parcial y amenazas persistentes
Aunque algunas poblaciones muestran signos de recuperación, muchas especies siguen en estado crítico. El Mediterráneo es un área clave para varias especies migratorias y residentes:
- El Estrecho de Gibraltar concentra poblaciones de calderones sometidas a gran presión por el tráfico marítimo.
- El Santuario de Pelagos, entre Mónaco, Francia e Italia, protege 87.500 km² de hábitat marino vital para rorcuales y cachalotes.
Amenazas actuales
Más allá de la caza, las ballenas enfrentan riesgos crecientes:
- Colisiones con barcos de mercancías y ferrys turísticos.
- Ruido submarino que desorienta a los jefes de manada y afecta sus sistemas de geolocalización.
- Contaminación y cambio climático, que alteran los ecosistemas marinos y reducen la disponibilidad de alimento.
El portavoz de WWF España, José Luis García Varas, advirtió que el transporte marítimo es una de las amenazas más graves, ya que la velocidad y el ruido de las embarcaciones afectan la salud y orientación de los cetáceos.
El regreso de Islandia a la caza de ballenas refleja la tensión entre intereses económicos y la conservación de especies en peligro. Aunque algunas poblaciones muestran señales de recuperación, la presión del tráfico marítimo, la contaminación y la crisis climática siguen siendo amenazas graves.
La comunidad científica insiste en que la protección debe mantenerse y reforzarse para evitar que los avances logrados en las últimas décadas se pierdan.



