Llegó una nutria gigante a los Esteros del Iberá para recuperar la especie

Tras un largo viaje desde Europa, a mediados de abril llegó a la Argentina Nanay, un joven macho de nutria gigante de 2 años y 7 meses de edad. Tras arribar al aeropuerto internacional de Ezeiza y ser trasladado por tierra hasta Corrientes, Nanay permanecerá en la cuarentena internacional de San Cayetano en esa provincia, donde se confirmará que se encuentre saludable para ser trasladado a la Isla San Alonso, en el corazón del Parque Iberá.

Allí, vivirá en un gran recinto de presuelta a orillas de la laguna Paraná, que ocupa una parte acuática y una porción terrestre, donde podrá aclimatarse a su nuevo ambiente, entrenar sus habilidades de pesca y esperar la llegada de una compañera.

Con la llegada de Nanay, y el futuro arribo de una hembra, se espera formar una segunda pareja de nutrias gigantes que conforme el núcleo poblacional de la especie en Iberá; el primero en fundarse tras más de 30 años de haberse extinguido la nutria gigante en Corrientes y en toda la Argentina.

Las alteraciones y la pérdida de hábitat, y la caza furtiva para el uso de su piel llevaron a la especie a desaparecer del país a finales del siglo XX. En gran parte de los territorios donde aún se distribuye la nutria gigante en Sudamérica, este predador acuático representa un importante recurso de turismo de naturaleza basado en la observación de las carismáticas familias que conforman.

Sumado a su importancia para el turismo de naturaleza, que permite potenciar economías locales, la nutria gigante es considerada como el depredador tope en gran parte de los ecosistemas donde habita, cumpliendo un rol vital para regular el equilibrio de los ambientes acuáticos, como el de Iberá. Con este proyecto se espera que la especie pueda volver a habitar la Argentina. Y es que el Gran Parque Iberá ofrece excelentes condiciones para reintroducir la especie y no presenta ninguna de las amenazas que la llevaron a la extinción en primer lugar.

Recuperar ecosistemas alterados por el hombre implica, en muchos casos, el manejo activo de los ambientes y la reintroducción de especies clave, como los depredadores tope, esenciales para alcanzar ecosistemas completos, saludables y funcionales.

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