¿Cuántas especies de aves y mamíferos se han salvado de la extinción en los últimos 30 años?

En 1992, los líderes mundiales reunidos durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en Río de Janeiro, firmaron el llamado Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD), para promover el desarrollo sostenible. Dieciocho años después, en 2010, durante otra reunión, esta vez en la prefectura de Aichi, en Nagoya, Japón, 193 países firmaron un compromiso con 20 metas para reducir la presión global sobre el mundo natural. Entre las llamadas Metas de Aichi para la Biodiversidad, la meta número 12 estableció que, para el 2020, se debía evitar la extinción de especies en peligro, especialmente aquellas con poblaciones en declive, y que su estado debía mejorarse y mantenerse.

Para saber si se alcanzó este compromiso y cuantificarlo, un grupo de investigadores internacionales, liderado por científicos de la Universidad de Newcastle en Reino Unido, hizo una encuesta para averiguar cuántas especies de aves y mamíferos no se extinguieron gracias a los esfuerzos de conservación.

“Queríamos identificar cuántas extinciones se han evitado desde 1993, cuando entró en vigor el Convenio sobre la Diversidad Biológica, y desde 2010, cuando se adoptaron las últimas metas, incluida la de prevención de extinciones. Nuestro objetivo era averiguar cómo la política afectó el número de extinciones evitadas”, explica Rike Bolam, autor principal del estudio, publicado en la revista Conservation Letters.

Los investigadores decidieron centrarse solo en aves y mamíferos, ya que son los grupos de animales más estudiados por la ciencia y con la mayor cantidad de datos globales disponibles. Solo se analizaron las especies incluidas en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como «extintas en la naturaleza», «en peligro crítico» o «amenazadas».

Después de un extenso análisis, el equipo comprobó que las acciones de conservación han evitado entre 21 y 32 extinciones de aves y de 7 a 16 de mamíferos desde 1993, y entre 9 y 18 extinciones de aves y de 2 a 7 de mamíferos desde 2010.

A pesar del trabajo de gobiernos y organizaciones no gubernamentales en apoyo a la conservación, diez especies de aves y cinco de mamíferos se han extinguido en los últimos 17 años (o hay fuertes sospechas de que esto haya sucedido).

Sin embargo, los científicos señalan que, si no se hubiera hecho nada, estas tasas podrían haber sido entre 2,9 y 4,2 más altas.

“Es alentador que algunas de las especies que estudiamos se hayan recuperado muy bien. Por lo tanto, nuestro análisis proporciona un mensaje positivo de que la conservación ha reducido sustancialmente las tasas de extinción de aves y mamíferos. Aunque también ocurrieron extinciones en el mismo período de tiempo, nuestro trabajo muestra que es posible prevenirlas”, dice Bolam.

Qué especies han desaparecido y cuáles se han salvado de la extinción
Entre las especies de mamíferos que se sospecha que se han extinguido en la naturaleza desde 1993 se encuentran una especie de marsupial de Papúa Nueva Guinea, un delfín de agua dulce de China y un mono de África. El murciélago Pipistrellus murrayi y el pequeño roedor Melomys rubicola, ambos de Australia, tienen su extinción asegurada por la ciencia. Cabe mencionar que este es un proceso que toma tiempo, a veces muchos años, para tener una confirmación definitiva.

En cuanto a las aves posiblemente extintas en la naturaleza, hay una brasileña, el mochuelo pernambucano (Glaucidium mooreorum), un pequeño búho originario de la provincia de Pernambuco. Los científicos creen que el guacamayo glauco (Anodorhynchus glaucus), que vivía en Brasil y en áreas de Argentina, Paraguay y Uruguay, también se ha extinguido.

“Todas las especies de aves que desaparecieron vivían en islas como Galápagos y Hawái, o en América Central o del Sur. Para las aves de las islas, las principales amenazas eran las especies invasoras en combinación con la pérdida de hábitat. Para América Central y del Sur, la causa fue principalmente la pérdida de hábitat, a menudo en combinación con la caza”, revela la investigadora de la Newcastle University.

En cuanto a las buenas noticias, los científicos pudieron determinar que especies como el lince ibérico (Lynx pardinus); el cóndor de California (Gymnogyps californianus); el cerdo pigmeo (Porcula salvania), nativo de India; el caballo de Przewalski (Equus ferus przewalskii), caballo salvaje de Mongolia; y el loro puertorriqueño (Amazona vittata), entre otros, lograron incrementar el número de sus poblaciones.

Acciones de conservación con mejores resultados

Además de estudiar qué animales se han salvado de la extinción en las últimas décadas, los científicos también han evaluado qué estrategias de conservación han tenido más éxito. Según Rike Bolam, entre las más efectivas se encuentran el control de especies invasoras, la protección de áreas naturales y la conservación ex-situ. Esta última implica acciones realizadas fuera del entorno natural de una especie, como la cría en cautividad.

De los casos analizados, 20 especies de aves se beneficiaron del trabajo realizado en zoológicos y refugios de vida silvestre. Un ejemplo es el del loro puertorriqueño. La población de Amazona vittata llegó a tener solo 13 individuos en la naturaleza. Sin embargo, en 2006 se inició un proceso de reintroducción en el Parque Río Abajo. Siete años después, las estimaciones indican que ya hay entre 80 y 100 aves, distribuidas en dos áreas diferentes.

Lejos del continente americano, en Mongolia, otro proyecto de reintroducción logró excelentes resultados. El Equus ferus przewalskii, un tipo de caballo salvaje, se había extinguido en la década de 1960. Después de treinta años, los especímenes criados en cautiverio fueron liberados en la naturaleza y, en 1996, nació el primer potrillo. Hoy hay aproximadamente 400 caballos Przewalski libres en su hábitat original.

Rike Bolam señala que uno de los objetivos del estudio internacional era convertirse en una fuente científica importante para el diseño de nuevas políticas de conservación: “Necesitamos evitar las causas subyacentes que llevan a la extinción de especies, como la pérdida de hábitat por expansión agrícola. Hay modelos que sugieren que podemos lograrlo garantizando al mismo tiempo la seguridad alimentaria, por ejemplo, si minimizamos el desperdicio de alimentos. Otro punto necesario son las acciones de conservación dirigidas a las especies más amenazadas, como las de nuestro estudio, muy próximas a la extinción.

Buenos ejemplos de Brasil

Las 32 especies de aves cuya extinción probablemente se evitó entre 1993 y 2020 son endémicas en 25 países, incluidas seis de Nueva Zelanda, cinco de Brasil y tres de México. Cabe destacar que, de los diez países del planeta con mayor número de especies de aves, seis se encuentran en América del Sur. Colombia, Perú y Brasil encabezan la lista.

Durante las últimas décadas, entidades no gubernamentales, agencias públicas y criaderos privados han trabajado en asociación para preservar la diversidad y supervivencia de muchas aves brasileñas.

El estudio global menciona que cinco de ellas lograron mejorar sus números gracias a estos esfuerzos. Son el hormiguerito de Alagoas (Myrmotherula snowi), el paujil de Alagoas (Pauxi mitu), el paujil de piquirrojo (Crax blumenbachii), el guacamayo de Lear (Anodorhynchus Leari) y el guacamayo de Spix (Cyanopsitta spixii).

Símbolo de la Caatinga, desde hace más de 20 años el guacamayo de Spix ya no se ve volando en el bioma brasileño. Pero un programa de reintroducción de la especie, que contó con criaderos internacionales, logró que 52 individuos provenientes de Alemania fueran llevados a Bahía en marzo 2020. Actualmente estas aves se encuentran en proceso de adaptación al clima y a la alimentación y se espera que sean liberadas en una reserva de protección en Curaçá este 2021.

Extinto en la naturaleza desde la década de 1980, el paujil de Alagoas ya volvió a colorear las zonas del Bosque Atlántico. La historia de éxito comenzó en 1979, cuando Pedro Nardelli rescató a cinco paujiles de un área a punto de ser deforestada. En los años siguientes, una red que contó con la participación de especialistas e instituciones de varias provincias, como el Museo de Zoología de la Universidade de São Paulo y la Crax – Sociedade de Pesquisa do Manejo e da Reprodução da Fauna Silvestre, en Belo Horizonte (Minas Gerais/Brasil), logró incrementar significativamente el número de animales en cautiverio.

“El trabajo genético realizado fue muy importante. Con un enfoque en el asesoramiento para el mejor apareamiento, buscó preservar la mayor variabilidad genética posible a lo largo de las generaciones y aumentar los niveles de heterocigosis en el grupo”, dice Mercival Roberto Francisco, biólogo de la Universidade Federal de São Carlos (UFSCar), una de las entidades involucradas en la reintroducción.

El año pasado, finalmente, después de 40 años, tres parejas de paujiles de Alagoas fueron liberadas en la Reserva Particular do Patrimônio Natural Mata do Cedro (RPPN Mata do Cedro), en el municipio de Rio Largo, cerca de la ciudad de Maceió/Brasil.

Sin embargo, el trabajo de reintroducción aún está lejos de terminar. “Las aves serán monitoreadas, permanentemente, por radio transmisor. Necesitamos seguir la información sobre la biología de la especie y, además, evitar la caza o captura”, revela Roberto Azeredo, de Crax.

Garantizar la seguridad del área de liberación es sin duda uno de los mayores desafíos en el proceso de reintroducción de cualquier animal. “La caza es todavía una práctica muy común en diferentes partes de Brasil y en la provincia de Alagoas esto no es diferente”, dice Francisco.

Si todo va bien, el plan es introducir tres parejas más en la naturaleza, por año, hasta 2024. “Debido a que no existen más áreas continuas de Bosque Atlántico en el noreste de Brasil, es muy posible que se formen algunas poblaciones en diferentes fragmentos de bosque. Aunque por el momento todavía es difícil de predecir, creemos que un número de 30 parejas reproductoras por zona sería un número seguro”, dice el biólogo.

La Crax también es responsable del trabajo realizado con otro paujil, el piquirrojo. Esta hermosa ave, con su cuerpo negro, imponente cresta y llamativo pico, fue casi diezmada. Durante los últimos 40 años el equipo de Azeredo ha logrado reproducir cientos de individuos en cautiverio. Aproximadamente 400 de ellos ya han regresado a la naturaleza.

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