La ciudad de Samarcanda, en Uzbekistán, reunió a miles de representantes de 185 países para analizar el impacto del comercio internacional sobre la biodiversidad. En ese escenario, los tiburones y las rayas ocuparon un lugar central debido a su alarmante declive.
Durante las sesiones, las Partes aprobaron todas las propuestas destinadas a elevar los niveles de protección de estas especies. El resultado marcó un precedente global, considerado el avance más amplio en la historia de la convención.
Las decisiones adoptadas se apoyaron en evidencia científica proporcionada por organismos de conservación, entre ellos WCS Argentina. La información permitió demostrar la gravedad de la sobreexplotación pesquera que afecta al cazón y al gatuzo, dos especies locales críticamente amenazadas.

Decisiones que buscan frenar un colapso ecológico
Los tiburones, rayas y quimeras constituyen el grupo de vertebrados marinos más presionado del planeta. Su lento crecimiento, madurez tardía y baja fecundidad los vuelven incapaces de recuperarse ante la pesca intensiva.
En el mundo, más del 37% de estas especies está en peligro de extinción, y algunas poblaciones se redujeron más del 70% en apenas cinco décadas. La expansión del comercio de carne, aceite, branquias y aletas profundizó esta tendencia.
La CoP20 abordó estas problemáticas mediante un paquete de medidas sin precedentes que incluye prohibiciones, regulaciones estrictas y suspensión de exportaciones para especies particularmente vulnerables.
Protecciones aprobadas para frenar la explotación
Las decisiones incorporaron a más de 70 especies de tiburones y rayas a los Apéndices de CITES. Entre las medidas adoptadas se destacan tres niveles de protección diferenciados.
Se estableció la prohibición total del comercio internacional para especies oceánicas como la mantarraya y el tiburón ballena. Esta categoría implica la máxima restricción existente dentro del acuerdo.
También se fijaron cuotas de exportación cero para peces guitarra gigantes, lo que impide su salida legal desde los países de origen. A su vez, otras especies fueron incluidas en el Apéndice II, lo que exige permisos y evaluaciones para garantizar que la extracción no agrave su situación.
Estas decisiones buscan cerrar vacíos normativos que alimentaron durante años el mercado global de partes de tiburón y rayas. Con ello, se espera dar un respiro a poblaciones que hoy se encuentran al borde del colapso.

Sustento científico para fortalecer la protección
La evidencia presentada por equipos científicos fue clave para respaldar cada una de las propuestas. En el caso del Mar Argentino, WCS Argentina aportó datos sobre el estado crítico del gatuzo y el cazón.
Estas especies, altamente vulnerables por sus características biológicas, muestran caídas de población alarmantes. El comercio internacional, sumado a prácticas pesqueras no sostenibles, profundizó la crisis.
La inclusión en CITES permitirá establecer controles específicos, trazabilidad y cupos que impidan la extracción desmedida. Además, abre la puerta a políticas regionales coordinadas en el Atlántico Sudoccidental.
Un panorama complejo para el Mar Argentino
En las aguas nacionales habitan 105 especies de condrictios, de las cuales 55 son tiburones. Muchas se desplazan estacionalmente entre Argentina, Uruguay y Brasil.
Entre las más amenazadas se encuentran el gatuzo y el cazón. Ambas especies sufrieron descensos drásticos en las últimas décadas, impulsados por la pesca comercial y recreativa.
La aprobación de nuevas regulaciones internacionales representa una oportunidad para frenar este deterioro. La cooperación entre países y el fortalecimiento de la fiscalización serán pasos indispensables.
Gatuzo: un endemismo en retroceso
El gatuzo, presente exclusivamente en el Atlántico Sudoccidental, registró una disminución poblacional superior al 90% en cuarenta años. Su baja fecundidad y madurez tardía lo colocan en la categoría de “Críticamente Amenazado”.
Las capturas comerciales lo afectaron de manera sostenida. De acuerdo con informes científicos, su stock se encuentra sobreexplotado desde 2024 y enfrenta un riesgo extremo de desaparición local.
Con la nueva resolución de CITES, se espera que los controles sobre el comercio internacional contribuyan a reducir la presión pesquera sobre la especie.

Cazón: una especie en declive acelerado
El cazón habita aguas de Argentina, Uruguay y Brasil, y alcanza la madurez sexual recién a los diez años. A lo largo de su vida puede reproducirse muy pocas veces, lo que agrava su situación.
En tres décadas, su población cayó un 80% en el Atlántico Sudoccidental. La demanda de aletas y carne impulsó su captura intensiva, dificultando su recuperación.
La incorporación al Apéndice II de CITES exige permisos y evaluaciones que buscan asegurar que cualquier extracción no perjudique aún más su supervivencia en la región.
Estado de conservación y su importancia ecológica
Los tiburones y rayas son esenciales para la salud del océano. Controlan poblaciones, mantienen el equilibrio entre especies y regulan cadenas tróficas.
La desaparición de estos animales altera funciones ecológicas clave, favorece el crecimiento descontrolado de otras especies y debilita ecosistemas enteros, incluidos arrecifes y plataformas continentales.
El fortalecimiento de su protección internacional no solo apunta a evitar extinciones, sino también a sostener la estabilidad de los mares y garantizar recursos saludables para las comunidades costeras.



